La reelección en el futuro de RD y de Abinader

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Por Miguel Ángel Martínez

NUEVA YORK.-No hay encuestas y difícilmente las haya por ahora, en un país donde la reelección empecinada y a veces tortuosa, ha estado en la agenda de su principal liderazgo político.

Es más, la reelección presidencial ha sido parte de la tragedia nacional, con retruecamientos constitucionales que han provocado graves dolores a nuestras instituciones vitales, creando generalmente distorsiones en el orden jurídico de la nación dominicana.

Y esos esfuerzos <<muchas veces fuera de la ley, la justicia y la sensatez política>>, han germinado en grandes retrocesos democráticos que han obliterado una verdadera transformación de nuestros principales órganos de poderes constitucionales.

La paralización de esas transformaciones democráticas debido a la intemperancia, la tozudez y el mesianismo político de ciertos líderes políticos dominicanos, ha constituido la fuente de donde se han nutrido las turbulencias y los mayores desacatos al orden constitucional en la República Dominicana.

Hoy el escenario político es diferente.

No hay un liderazgo muy renovado, cualitativamente distinto,  pero sí tenemos esfuerzos enfocados en reconducir a la nación  por mejores senderos, alejados de las sombras ominosas del pasado reciente, en especial, de aquellas que sirvieron para embadurnar la administración pública, corrompiendo sus instituciones básicas, y convirtiéndola en el eje de profundas y deshonrosas inconveniencias administrativas.

UN PAÍS DIFERENTE

Todo indica que a pesar de algunas dificultades, el país marcha mejor.

El Presidente Luis Abinader ha logrado en sus casi nueve meses de mandato delimitar áreas importantes del ejercicio gubernamental, entre ellas, la despolitización del Ministerio Público, de la Junta Central Electoral y, más recientemente, de la compleja y venal Cámara de Cuentas.

Todos ellos son órganos vitales para el adecentamiento de una adecuada gobernanza institucional que garantice la independencia de sus poderes fácticos.

Y lo ha logrado en medio de la resistencia del partidismo político tradicional, acostumbrado a un ejercicio político factual, que ha corrompido y adocenado la vida democrática nacional.

Esas resistencias vinieron precisamente de un liderazgo político poco escrupuloso, asociado a las vendimias  de las corrupciones políticas y económicas de pasados gobiernos peledeístas, incluyendo por supuesto, a la Fuerza del Pueblo, liderada por el tres veces expresidente Leonel Fernández.

El Ministerio Público, un polo transversal de la justicia, hoy luce nuevas y sonrosadas caras independientes que le ha permitido a la sociedad dominicana confiar en los procedimientos actuales de una justicia sin ataduras a los dictados del Poder Ejecutivo u otros poderes del Estado.

El inicio de verdaderos procesos judiciales contra entramados corruptos que se alojaron y convivieron con pasadas administraciones, ha devuelto la confianza pública en la justicia dominicana como herramienta fundamental en el cumplimiento de sus leyes.

Se puede afirmar sin equívocos, que en el orden institucional contamos en la actualidad con mejores y más funcionales poderes públicos, que son la esperanza para la continuidad en el futuro, de adecuadas instituciones que fortalezcan el ejercicio de la democracia en nuestro país.

ECONOMÍA POS PANDEMIA

Recientemente el gobernador del Banco Central, Luis Valdez Albizu, delineó un escenario muy positivo en el desenvolvimiento de la economía nacional.

Señaló que la economía había crecido en el último mes a una tasa de casi un tres por ciento en su PIB coyuntural.

No detalló variables específicas del comportamiento económico, pero sí pronosticó mejores estadísticas para los próximos trimestres del año en curso.

La economía mundial se contrajo en la misma medida en que la pandemia del Covid-19 afectaba aspectos fundamentales de sus principales sectores.

Variables como la producción y el consumo, así como el empleo asociado a esta última, decayeron a niveles insospechados.

El comercio de exportación e importación mundiales sufrieron reducciones catastróficas, y todas las naciones (incluyendo las más desarrolladas) del mundo vieron decrecer sus economías. Los temores de una recesión pos pandémica no eran exagerados.

Y ese clima desesperanzador afectó mayormente, a las pequeñas economías exportadoras, sobre todo, de aquellas que dependían de renglones primarios y de servicios.

La República Dominicana no fue la excepción.

La pandemia la afectó como al resto del mundo, y su economía sufrió los vendavales más rigurosos del Covid-19, sobre todo en sus sectores más vulnerables.

Hechos que coincidieron con las elecciones presidencial y de medio término en los relevos se sus principales ejecutivos.

Al caos de la economía ocasionado por la pandemia y la bioseguridad que le acompañaron, se unieron en nuestro país los aprestos de unos comicios que ya estaban contemplados antes de la pandemia.

Sus resultados están ahí. Han sido promisorios para el país dominicano.

Luis Abinader, candidato presidencial del Partido Revolucionario Moderno, el más joven de la cartelera electoral, ganó las elecciones en medio de la incredulidad de una hazaña política contemporánea.

Llegó a la presidencia por el descrédito y corrupción de pasadas gobernanzas y sus esfuerzos por eliminar viejos lastres del pasado,  le han situado en un privilegiado lugar en el mérito de la sociedad dominicana.

Sus logros son evidentes en favor de una país más eficiente y mejor administrado.

Y como dije al principio, el país actual está mejor y en las manos de un joven político y economista salido de una familia que, desde el pasado, se dedicó a la enseñanza, la economía productiva y, paradójicamente, también a la política.

Luis Abinader no es un político tradicional, y representa una nueva visión acerca de las modernidades funcionales de la democracia dominicana.

De ascendencia árabe, Abinader se formó en escuelas de negocios de los Estados Unidos. Su impronta en la política es reciente y, al parecer, quiere transformar la forma del ejercicio político y gubernamental de su país.

Tiene las herramientas para hacerlo y en especial, posee las riendas de un país con una economía exportadora de servicios y bienes primarios muy pobre.

Con unos cincuenta años es presidente de una nación con niveles de desigualdades sociales muy acentuados que acrecientan la pobreza extrema.

Pero un país que ha sido gobernado por muy malos políticos que han acentuado en ese mismo nivel, sus problemas más angustiosos y dificultado sus soluciones.

¿REELECCIÓN A LA VISTA?

La Constitución se lo permite, aunque públicamente el Presidente Abinader ha dicho que no son momentos para pensar en ello. Y está políticamente correcto.

El joven Presidente está enfrascado en reconstruir un país que ha sido azotado por dos pandemias: la corrupción política y económica de las pasadas gestiones y la pandemia del Covid-19.

Su desempeño hasta ahora es promisorio y augura, si los vientos de la adulación y la mala consejería política no los absorben, que seguirá la misma ruta conductual que se forjó antes de ganar la presidencia de la República.

Los escollos han sido variables y muchos han provenido de las entrañas mismas de su propia organización política, sin dejar de mencionar aquellos que les han creado litorales conflictivos de la oposición política.

Naturalmente, tenemos una clase política tradicional, ventajista y que le importa muy poco el desarrollo de una verdadera democracia.

Esa clase quiere pensar en sus propios beneficios, que le depara un país desorganizado, sin leyes y, sin justicia.

Es una clase política que apuesta a los sortilegios de una democracia amañada.

La economía ya arrancó en medio de las sinuosidades y los temores que presenta la pandemia.

Hay más confianza de parte de los inversionistas internacionales en las nuevas reglas impuestas por el gobierno de Luis Abinader, y su compromiso de crear los andamiajes necesarios para que la economía funcione.

Y, lo más probable es que Luis Abinader, más temprano que tarde, piense en el país que ha comenzado a reconstruir  y en las opciones de un nuevo mandato presidencial.

Se lo aconsejen o no las circunstancias momentáneas del ejercicio gubernamental que preside.

Entretanto, ya tendremos la oportunidad de referirnos a las coordenadas principales de un evento político electoral de cara al año 1924 y de su fuerzas políticas esenciales.