David Toro Escobar

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Mineápolis.- Los habitantes de Mineápolis viven bajo una tensa calma un día después de que la Casa Blanca anunciara un giro en su estrategia de presión migratoria en la ciudad, con señales de desescalada y retirada de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).

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Decenas de negocios permanecen cerrados, mientras activistas y vecinos se concentran en distintos puntos de protesta para exigir supervisión de la investigación por la muerte a tiros de dos personas a manos de agentes federales este mes. Otros, en su mayoría migrantes, regresan con temor a sus lugares de trabajo y desconfían de los mensajes de repliegue de los agentes migratorios.

Protestas pese al frío extremo

“Tenemos que permanecer en protesta. Al paso que vamos, pronto querrán exigirnos que nos tatuemos un código en los brazos o en la frente para vivir en paz”, dijo a EFE Violet Clark, de 65 años. Durante cuatro días consecutivos, se ha parado frente al edificio federal Whipple, base de agentes de ICE y la Patrulla Fronteriza, cuyas tácticas violentas despertaron la indignación en todo el país.

Pese a las temperaturas que han caído por debajo de los -20 grados centígrados, cientos de personas continúan acudiendo a los puntos de protesta, mientras el presidente estadounidense, Donald Trump, bajo presión por las muertes de Alex Pretti y Renée Good, busca una desescalada y anunció que supervisará una “gran investigación” sobre el caso de Pretti.

Aunque la Administración Trump dijo a las autoridades locales que comenzará este martes a retirar agentes federales de la ciudad, decenas de ciudadanos siguen organizados por vigilar los hoteles donde han sido vistos durante las últimas semanas, comparten cadenas de comunicación en grupos cerrados, así como en redes sociales y desconfían de que este sea el principio del fin de la militarización de la ciudad.

Una ciudad desértica

En la avenida Nicollet, donde se encuentra el memorial por Alex Pretti, muerto a tiros el sábado, los restaurantes latinos, bares, tiendas de música y escuelas permanecen cerrados, se trata de un barrio residencial y comercial con fuerte presencia de la comunidad latina y migrante, normalmente vibrante por la actividad cotidiana, se siente silenciosa y vacía, según sus vecinos.

Solo un centro comunitario para adultos mayores, justo detrás de la acera donde ocurrió el incidente el sábado por la mañana, sigue abierto, ofreciendo un punto de refugio y encuentro para vecinos.

A unos 2,5 kilómetros de distancia, en el memorial por Renée Good, tiroteada por un agente migratorio el pasado 7 de enero, el barrio residencial alrededor de la avenida Portland, muestra un patrón similar de tiendas locales, lavanderías y guarderías cerradas. Además, las calles desiertas reflejan la desconfianza y el temor de los vecinos ante la presencia de agentes federales.

La combinación de cierres, vigilancia comunitaria y protestas convierte a estos barrios en un reflejo de cómo la crisis migratoria y agresiva estrategia federal han impactado la vida cotidiana, silenciando temporalmente zonas que normalmente son centros de actividad social y económica.

Exigen justicia y desconfían de Trump

Mientras tanto, el zar fronterizo Tom Homan, enviado a Mineápolis por Trump el lunes, se reúne hoy con autoridades locales para supervisar la desescalada de los operativos. La comunidad mantiene la presión en las calles, entre vigilias y protestas, exigiendo transparencia y justicia por las muertes provocadas por agentes federales en la ciudad.

Nathan Read, un contratista de 45 años y que desde hace 20 habita en Mineápolis, opina que el “retroceso” de la acción represiva de los agentes migratorios por intervención de Trump refleja “miedo” del mandatario por los impactos políticos que la crisis fuera de control pueda tener en su contra.

“Saben que han actuado ilegalmente, pensaron que los vecinos de Mineápolis retrocederían luego de la muerte de Renee Good pero ahora tiene encima una presión inmensa porque seguimos en las calles y sus funcionarios están siendo investigados en el estado”, agregó Read.

Temor entre inmigrantes 

A pocos kilómetros de la avenida donde falleció Pretti, cuatro migrantes entre mexicanos y guatemaltecos atienden una taquería, en la entrada un anuncio que dice “prohibido el ingreso de ICE” y la puerta bajo candado, que solo es abierta cuando algún cliente se acerca.

Los trabajadores preparan la comida en silencio, con una veladora encendida a una imagen de San Judas Tadeo detrás de la cocina y aseguran que pese al temor de ser detenidos deben abrir el negocio debido a sus responsabilidades económicas.

Bajo anonimato, por seguridad, los trabajadores aseguran que alternan sus rutas de movilización y cierran antes del atardecer y durante la última semana la afluencia de clientes cayó considerablemente, atribuyendo esto a que muchos de sus clientes son trabajadores hispanos que decidieron no salir de casa.

Los operativos de ICE en Mineápolis, que involucraron a más de 3.000 agentes federales este mes, no solo han generado protestas y cierres de negocios, sino que evidencian la tensión entre política migratoria y vida cotidiana. EFE