La Fiera y la Fiesta, el cine dominicano busca sus raíces genéticas

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El conocimiento del origen de sus huellas estéticas es un paso fundamental para cualquier arte, pues conocerse a sí mismo y saber de dónde se viene es la mejor forma para saber para dónde se va. De ahí la confusión de tantos cineastas y sus obras, un caso que debido a la lucidez de sus autores, no padece La Fiera y la Fiesta, estrenada recientemente en nuestras salas.

Apelar a la herencia de los cineastas del pasado parecería un desatino cuando las líneas maestras actuales en la República Cinematográfica Dominicana van en vía contraria, salvo los quijotes habituales que vuelan contra los vientos y en vez de mirarse el ombligo se atreven a cuestionarse a sí mismos y a la sociedad que los rodea.

La historia se centra en Vera Velásquez, una actriz clásica y de renombre mundial en el ocaso de su carrera, quien aterriza en el Caribe para rodar su última película, “La Fiera y la Fiesta,” la cual escribió con el difunto y afamado director de culto Jean-Louis Jorge. A medida que se acerca el inicio de la producción, se va desvaneciendo la tenue línea entre la realidad y la ficción, poniendo en riesgo la película que Vera tanto anhela realizar.

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Laura Amelia Guzmán e Israel Cárdenas dirigen, producen y firman el guion. El elenco está compuesto por Geraldine Chaplin, Udo Kier, Luis Ospina, Jaime Piña, Jackie Lodueña, Pau Bertolini, Fifi Poulakidas, Jeraldine Ascencio y otros, y tiene una duración de 90 minutos

La riqueza de los cruces narrativos, de las estéticas de los realizadores como Jean-Louis Jorge y Luis Ospina con la de Laura Amelia Guzmán e Israel Cárdenas, complejizan el universo de La Fiera y la Fiesta, obligándonos a una lectura rigurosa y atenta de cada elemento que interviene en ella.

Trópico, aquí tienes a tu cineasta. ¿O cineastas?

La Fiera y la Fiesta es cine dentro del cine partiendo de la visualidad cuidada de las realizaciones de Jean-Louis Jorge al margen de otras influencias visibles o invisibles, para adentrarse en los territorios del drama, el thriller, el gótico tropical de Caliwood, a las danzas, los musicales de Busby Berkeley ,del French Can Can o sus versiones tropicales, todo ello retratado por la minuciosidad fotográfica de Israel Cárdenas y una ambientación a tono con su aire a media calle entre un estudio de cine y un cabaret.

El guion de esta fantasía caribeña resume los credos estéticos de Laura Amelia e Israel con los de Jean-Louis, los de Luis Ospina y los de ese cine latinoamericano que muchos desconocen o prefieren desconocer, inmersos en una alienación tóxica perjudicial para sí mismos, pues ignorar las propias raíces es desconocerse a sí mismo.

Si nos atenemos a observar el desarrollo interpretativo que siguen los personajes de  Vera (Geraldine Chaplin), Henry (Udo Kier), Martín (Luis Ospina) y Víctor (Jaime Piña), y las de Yony (Jackie Ludueña), Stonem (Pau Bertolini), Myrian (Jeraldine Asencio),   o Stella (Fifi Poulakidas), asistimos a la construcción de personajes cuasi etéreos, seres de  galaxias lejanas cuyo choque astral con la realidad caribeña define la atmósfera expresiva de este film que se sale de las clasificaciones usuales de los géneros merced a la influencias de su inspirador, o mejor dicho, inspiradores, pues su polisemia discursiva es muy obvia.

Las actuaciones por encima de la línea de Geraldine Chaplin y Udo Kier se reflejan en la aproximación a sus personajes, una Vera poseída de la angustia existencial de una vida que se acaba y el compromiso ético de finalizar el sueño fílmico de un amigo, o en la mortal elegancia de Henry y su indeclinable tendencia hacia la excelencia en la expresión danzaria.

Udo Kier

A su vez, por medio de la representación de Víctor (Jaime Piña), el productor o de esos asistentes de producción, se puede acceder a las imágenes de un tipo de acercamiento a las prácticas profesionales de esta rama en nuestra industria cuya visión puede distar de entender un axioma tan simple como que el cine es una industria y un arte, una fábrica de sueños, pero no una de productos alimenticios o de construcción.

Este es el fin. ¿Pero hay un fin?

Uno de los puntos más sutiles de esta obra es acudir al amado cine clásico de Jean-Louis como son las influencias de Sunset Boulevard y del personaje de Norma Desmond interpretado por Gloria Swanson, un detalle que no debe ser pasado por alto. Tampoco podemos eludir ese aire de una historia que no concluye, algo que podría confundir a algunos espectadores y hacerles pensar que no existe una conclusión per sé o que se envuelve en las brumas de una abstracción sin salida. Todo lo contrario. Los realizadores han seguido la lógica del guión, quizás a sabiendas o quizás no, del riesgo incurrido. Pero esos otros espectadores, con las pupilas bien abiertas, se darán cuenta de las intenciones reales de estos hacedores.

La importancia de La Fiera y la Fiesta es que nos obliga a varias relecturas, a repensarnos y a repensar las formas pasadas y presentes de hacer cine en República Dominicana a la hora de elegir las estéticas de nuestras imágenes. Quizás a algunos la propuesta discursiva que subyace en este filme no les diga lo que ellos quieren oír, pero es obvio que a otros les agradará su elocuencia.

Humberto Almonte

Analista de cine.