Juan Pablo Duarte

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Este domingo 26 de enero, los dominicanos conmemoramos el natalicio del mentor y líder del movimiento cívico militar que hizo posible el nacimiento de nuestra República Dominicana en 1844.   

En los 207 años del natalicio de Juan Pablo Duarte, el país recoge parte de la historia  de un hombre dotado de las virtudes que en forma lastimera se hacen cada día más ausentes en el liderazgo político, social y económico de la nación.   

El discurso, cuando no la pose  que cada año se despliega a la memoria de Duarte en su día, contrasta de manera vergonzosa con el ejercicio cotidiano de la política y  de una sociedad que se aleja de los principios que este prohombre enarboló y puso en práctica cada uno de sus días.  Hoy nos quejamos del desconocimiento o desinterés de jóvenes y adultos por la vida y obra de Duarte, pero fomentamos los antivalores como “fenómenos” propios de los cambios que operan en la sociedad. 

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Apelamos a los valores duartianos, pero lo hacemos ausentes o menguados en nuestra currícula escolar sin aparente rubor.  Hoy conmemoramos otro año del Padre de la Patria como debe ser.   Lástima que cada día nos hagamos menos merecedores del sacrificio y la entrega hasta la muerte de este ilustre ser humano que nos dotó de la nacionalidad y cuyo legado y principios reclaman  de mejor suerte.