Sergio Sarita Valez

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La historia occidental contemporánea se inicia con la declaración de independencia de los Estados Unidos y con el estallido de la Revolución francesa en 1789, extendiéndose hasta nuestros días. Para los dominicanos que hemos sido testigos de la segunda mitad del siglo XX y lo que va del XXI, representa una gran dicha haber conocido y compartido en primera persona con una figura intelectual de la estatura de Juan Bosch Gaviño. Fue el profesor Juan Bosch: estadista, escritor, historiador, sociólogo y, más que cualquier otra cualidad, un extraordinario ser humano.

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Al leer los titulares de los diarios nacionales e internacionales publicados en el primer trimestre de 2026, sobre el momento histórico que atraviesa el pueblo cubano, me vino a la mente releer el libro de la autoría de Bosch: “Cuba, la isla fascinante”.

Del primer capítulo, titulado El Escenario, extraigo el siguiente párrafo: “La guerra cubano-española tenía ya tres años en su última etapa, pues tras haberse cerrado la primera en 1878, después de diez años de combates diarios en los campos de Oriente, de Camagüey y de las Villas; y tras haber terminado en 1879 la llamada Guerra Chiquita, estalló al fin, en 1895, la que había de ser definitiva. Como un alud, al trote de los caballos mambises, los libertadores cruzaron toda la isla, de oriente a los extremos occidentales de Pinar del Río. De mar a mar combatió el cubano. Hasta las mismas puertas de La Habana llegó la revolución, quemando cañaverales y batiendo columnas y fuertes españoles. En eso estalló el Maine; y al calor de la conmoción que su pérdida produjo, toda Norteamérica empujó soldados y escuadras, presa de emoción guerrera, hacia Cuba, hacia Puerto Rico, hacia Filipinas. Teodoro Roosevelt reclutó sus ‘rudos jinetes’ y con ellos combatió en los suburbios de Santiago de Cuba; se hizo héroe nacional de su país, increpó a los comerciantes y a los industriales que vendieron al Ejército comida mala y ropa inferior, todo lo cual le dio la necesaria popularidad para ganar la Vicepresidencia, y desde allí heredó la Presidencia, desmembró a Colombia, puso el Canal de Panamá en manos norteamericanas y enarboló el Big stick sobre los asustados ojos de América y del Mundo”.

Juan Bosch cierra su narrativa de 1952 con este último párrafo: “Llegará el día en que las chimeneas de los ingenios despidan todo el año su lento y rojizo humo hacia los cielos azules, y de las vastas naves saldrán multiplicados los subproductos: el papel para los periódicos y libros, los fertilizantes y las vitaminas. Entonces, cuando el obrero no tenga que trabajar temeroso de que la zafra termine y con ella se liquide la alegría de recibir un jornal decente, al caer de las tardes, por las callejas de los bateyes o por las guardarrayas flanqueadas de altivas palmeras, los hombres retornarán a sus hogares con la ilusión de sentar en las rodillas al hijo pequeño y empezar a contarle: ‘Esto que tú ves, mi hijo, es Cuba, la tierra iluminada por las estrellas, la azucarera del mundo’. Y algo más…”

Hoy somos espectadores de un Caribe turbulento y de un Medio Oriente en llamas. Más temprano que tarde, volverá la paz al mundo.