Jairo Mejía

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El presidente de EE.UU., Donald Trump, presentó este sábado ante el pueblo estadounidense un escenario pos-Maduro en Venezuela que pocos esperaban hace un año: reconstrucción de la infraestructura petrolera del país suramericano y una Gobierno de transición bajo las ordenes de Washington, dos reminiscencias de la guerra de Irak, de las que el republicano renegó insistentemente.

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La única salvedad fue que, al contrario de lo ocurrido durante la invasión de Irak en 2003, donde la Administración de Georg W. Bush se deshizo por completo del partido Baaz de Sadam Huseín, – algo que luego se demostró un error que alimentó la resistencia -, en esta ocasión el equipo de Trump parece estar dialogando directamente con la actual presidenta encargada, Delcy Rodríguez, un asidero del chavismo al poder y al futuro sin Nicolás Maduro, que hoy duerme en un calabozo de Nueva York.

Trump no descartó hoy ni tropas sobre el terreno ni una presencia de años para estabilizar Venezuela: “No nos va a costar nada, porque el dinero que va a venir de debajo del suelo es muy sustancial. No nos va a costar nada. Queremos seguridad (en Venezuela) y queremos estar rodeados de países que no son hogar de nuestros enemigos en el mundo”, apuntó el mandatario.

La Administración aseguró que el golpe relámpago para capturar a Nicolás Maduro no es el prolegómeno de una invasión, si no una demostración de la filosofía ‘FAFO’, un acrónimo que se traduce en ‘joder y vas a ver’ (fuck around and find out) y que hoy repitieron varias veces el secretario de Estado, Marco Rubio, y el de Guerra, Pete Hegseth.

Cuando Trump dijo “vamos a gobernar el país” y señaló a su equipo como gestor de la transición algunos como el exministro de Exteriores australiano Bob Carr recordaron a Paul Bremer, el designado como líder del gobierno de coalición de Irak tras la caída de Sadam Huseín en 2003, y cuyo papel parece hoy recaer en los hombros de Rubio, que acompañó a Trump en su histórica alocución de Mar-a-Lago.

Halcones y enemigos acérrimos de Trump, como el exasesor de Seguridad Nacional de Trump John Bolton, celebraron el paso dado hoy por Washington y recomendaron “un cambio de régimen” y el fin del chavismo.

“No está claro si la razón es el narcotráfico o buscar un cambio de régimen”, añadió Bolton, que recordó que la Administración de Trump no ha querido trazar con el pasado y esos cambios de gobierno orquestados desde Washington.

Por el momento, persiste la incógnita de qué tipo de acuerdos se han ido entretejiendo en secreto para permitir una operación más eficaz de lo esperado para decapitar al Gobierno venezolano, algo que se consiguió en solo tres horas de despliegue de las fuerzas especiales de los Delta Forces y que en menos de 24 horas ha puesto a Maduro en manos de las autoridades estadounidenses para responder a acusaciones de narcoterrorismo en Nueva York, entre otros.

En 2019, en un testimonio bajo juramento ante el Congreso, Fiona Hill, que fue asesora de Seguridad Nacional de Trump, aseguró que la delegación rusa que asistió con el presidente Vladímir Putin a la reunión bilateral de Osaka con Trump dejó claro que Moscú estaba abierto a permitir la caída de su aliados en Caracas a cambio de vía libre en Ucrania, que consideran su área de influencia.

“Nosotros tenemos nuestra propia versión del patio trasero”, le recordaron los rusos al equipo de Trump, quien hoy aseguró que la Doctrina Monroe de intervecionismo estadounidense en Latinoamérica se le queda corta “por mucho”.

Con la que llamo la “Doctrina Donroe”, el mandatario dejó claro que el intervencionismo en Latinoamérica es algo compatible con su promesa de ‘America First’ (Estados Unidos primero).

Trump ha renegado durante toda su carrera política del ‘deep state’ y de los asesores de Bush que llevaron a la invasión de Irak (bajo un falso pretexto de armas de destrucción masiva), como un derroche de dinero y vidas humanas en un lugar lejano de Estados Unidos pese a ser poseedor de riquezas petroleras, pero hoy parece encaminado a entrar en un laberinto sin salidas claras en Venezuela.

Por el momento, tras solo 24 horas después de una operación histórica y “milimétrica” en Caracas los líderes de opinión parecen arropar el paso dado por Trump.

The Washington Post en un editorial celebró una operación que demuestra que el poderío estadounidense “no tiene parangón” y que Trump hace lo que promete cuando presionó a Maduro abandonar el país.

En un comentario, el profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de North Texas Orlando Pérez, aseguró que “acabar con Maduro es la parte fácil. Lo que sigue es la dura estrategia de la vigilancia tediosa de una sociedad extensa, altamente armada donde los servicios del Estado colapsan y los leales (al chavismo), los sindicatos del crimen y los colectivos compiten por su terreno”.