Incumplimiento de normas matizan viajes en el Metro

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Por Marcos Rodríguez

“¡Arrepiéntete. Ya Cristo viene!”, vociferaba un hombre canoso de mediana edad, sosteniendo una deteriorada Biblia azul junto a su cuerpo y sujetándose con la otra mano a unas de las agarraderas del Metro, mientras se le acercaba un agente del cuerpo especializado de seguridad con intenciones de callarlo.

Ante la mirada indiferente de varios de los pasajeros del vagón, que permanecían embelesados con sus teléfonos celulares o divagando al tiempo que escuchaban música con sus auriculares, el agente le ordenó al señor que debía parar de gritar con vehemencia, y éste obedeció. Se calló y se bajó en la próxima estación, la Francisco Alberto Caamaño, situada en la avenida Doctor Bernardo Correa y Cidrón esquina avenida Abraham Lincoln.

Así comenzó un recorrido del periódico elCaribe por las 34 estaciones del Metro de Santo Domingo, con un episodio que va en contra de las recientes disposiciones establecidas en el Manual de Usuarios emitido por la Oficina para el Reordenamiento del Transporte, (Opret), que, entre otras cosas, prohíbe la realización de cantos, actos, oraciones o discursos de proselitismo político o religioso, que afecten la tranquilidad de aquellos que abordan este medio de transporte.

“La ley así lo estableció. Nosotros lo que estamos haciendo es nuestro trabajo. La gente se incomoda, pero tenemos que cumplir con lo que nos corresponden”, manifestó ese mismo agente, quien no quiso ser identificado.

El Manual de Usuario de la Opret igualmente impide, en el párrafo 30 del Artículo 34, utilizar equipos electrónicos, radio, grabadoras y similares con la reproducción de audios que alteren la tranquilidad del viaje a los demás usuarios.

Sin embargo, en más de la mitad de las estaciones recorridas, más de un usuario iba gran parte del recorrido con música en su teléfono sin auriculares. De acuerdo con las instrucciones de la Opret, solo está permitido precisamente escuchar música a través de estos dispositivos electrónicos a un volumen tal, que permita a los usuarios escuchar las informaciones emitidas por los altavoces de trenes, cabinas y estaciones.

Asimismo, en el Metro no está autorizado distribuir publicidad o volantes, sin embargo, en dos ocasiones se pudo observar como personas entregaban a varios usuarios panfletos con contenido religioso, ante la mirada permisiva del agente que resguardaba ese vagón.

Generalmente, las personas no suelen hablar de política en el Metro. Más bien comentan sobre sus vivencias hogareñas, los problemas en el trabajo o cuestiones triviales. Las conversaciones más habituales suelen girar en torno a quejas.

“Deberían poner más vagones, o construir otro metro. Uno se arregla y llega al trabajo arrugada y despeinada”, exclamaba una joven, al ingresar en medio de empujones al tren en la parada Juan Pablo Duarte, ubicada en la avenida John F. Kennedy esquina avenida Máximo Gómez, cerca del Centro Olímpico Juan Pablo Duarte.

El Metro es la principal obra de transporte terrestre del país.

Esta estación es conocida como “el transfer”, debido a que es donde se conectan las Línea 1 y la Línea 2 del Metro.
Este lugar, donde convergen una variedad de tiendas de telefonía, comercio y sucursales de bancos, se convierte en “un mar de gente” en las horas pico; de 7:00 a.m. a 8:30 a.m. y de 5:00 p.m. a 6:30 p.m., debido a que en esos horarios la mayoría de personas van a sus lugares de trabajo, centros de estudios y otros destinos.

Precisamente en “el transfer”, más que en cualquier otra de las estaciones, todos los días se violenta una de las disposiciones del Manual. Específicamente el párrafo 6 del Artículo 35, que subraya que no se debe entrar o salir de la cabina ante el cierre inminente de puertas, así como nunca obstaculizar o impedir el cierre de la misma, pero también el párrafo 10 de ese mismo artículo, que apunta que queda prohibido realizar movimientos bruscos o saltos al interior de las cabinas.

A pesar del peligro que representa este tipo de acciones para la integridad física de los usuarios, es frecuente ver como las personas se precipitan hacia el interior del vagón mientras las puertas cierran, quedando por lo general parte de su cuerpo fuera, lo que provoca que las puertas se vuelvan a abrir, tras generarles opresión.

Además violan el acápite A del párrafo 19 del Artículo 34, que prohíbe asomar parte del cuerpo o cualquier objeto fuera de los trenes o cabinas, aun cuando éstos se encuentren detenidos.
Aun con todo esto, el Manual sentencia en su Artículo 36 que la violación por parte de los usuarios de las disposiciones contenidas en el mismo, conllevarán el apoderamiento ante las jurisdicciones competentes y conforme nuestra legislación, según sea el ilícito correspondiente.

De igual manera, en su Artículo 38, anuncia la expulsión del usuario, ya sea del sistema del Metro o Teleférico, ante la violación de las normativas. El objetivo del Manual, emitido en junio de este año, es regular las condiciones generales para la prestación del servicio no solo en el Metro, sino también en el Teleférico de Santo Domino.

Cifras
De acuerdo estadísticas, el Metro transportó el lunes de esta semana 352,102 personas.