Haití y el Ominoso Mensaje

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Estados Unidos ha dejado claro a nombre suyo y de la comunidad internacional que la grave crisis que sacude al vecino Haití deberá ser resuelta por los haitianos.

Para la gran potencia, aún el secuestro de 16 misioneros estadounidenses y un canadiense en manos de una de las bandas armadas que aterrorizan a ese país, es asunto que deben afrontar y resolver por cuenta propia  las autoridades haitianas.

Esa incomprensible y temeraria disposición, anunciada durante rueda de prensa en Puerto Príncipe por el subsecretario Adjunto de Persecución del Narcotráfico de los Estados Unidos, Todd Robinsón, abandona a su suerte a Haití y acrecienta el peligro sobre la seguridad y estabilidad de la República Dominicana.

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El funcionario en cuestión ha llevado el ominoso mensaje de enfrentar la situación con sus propios recursos a  un país azotado por una hambruna sin precedentes, con severas secuelas políticas y sociales, agravadas tras el asesinato del presidente Jovenel Moise.

Fatídica encomienda para una nación desolada en su estructura productiva, severamente mermada en su sistema sanitario, devastada en sus recursos naturales, sin ejército y con una policía tan cercada y aterrada como la población por el control sobre el  territorio que mantienen y amplían las bandas anárquicas armadas.

Pero es también el inaudito mensaje que pasa por alto lo que puede sobrevenir sobre ese desesperado pueblo abatido por la miseria y la inseguridad, sobre una República Dominicana expuesta a perder su apreciada estabilidad social, política y económica, ganada con extraordinario esfuerzo y  gallardía, como el grado de inestabilidad que generaría una situación como esa sobre toda la región, dada la importante posición estratégica de la isla.

En estas circunstancias, nuestras autoridades están llamadas a redoblar la vigilancia militar en la frontera, avanzar con templanza en la construcción de un muro y aplicar con todo rigor la ley migratoria.

Ante el peligro inminente se hace perentorio iniciar una amplia y sostenida campaña diplomática, colocando en alto relieve esta situación y la imperiosa necesidad de que la comunidad internacional asuma su responsabilidad en la búsqueda de solución a la problemática haitiana a punto de tocar fondo.

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