Haití en el siglo XXI

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Por Elvis Valoy

La inestabilidad y desinstitucionalización que caracterizaron a Haití durante el siglo XIX continuaron en el XX y XXI. Ningún proyecto político durante esas épocas puso en ejecución medidas que permitieran a la vecina nación superar su desgracia.

Llegada las nuevas centurias, tanto los gobiernos de Jean Bertrand Aristide y René Préval, que suscitaron grandes expectativas, resultaron ineficaces, y esos regímenes no contribuyeron a encauzar a ese país de las Antillas Francófonas por un cauce de progreso, bienestar y desarrollo, ni mucho menos se redujo la brutal pobreza que por siglos ha desangrado a ese país limítrofe con la República Dominicana.

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Sin infraestructura, huérfana de educación pública, con instituciones carentes de autoridad y sin servicios básicos, la patria de Toussaint Louverture se saltó la gobernanza y la gobernabilidad, caminos expeditos para la zapata de una nación que aspira a ser moderna.

Actuando como cordón umbilical salvador de una criatura, ha venido a auxiliar a ese país la diáspora residente en el extranjero que con sus remesas, le ha insuflado el oxígeno que ha evitado la total caída libre haitiana, contribuyendo con un 25 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) el que recibe la tierra del poeta Jacques Viau Renaud de divisas provenientes del exterior.

Pero el infortunio y la desdicha parecen perseguir a Haití, pues al espeluznante cuadro económico y social vino a sumársele las catastróficas inundaciones de la tormenta Jeanne de septiembre del 2004, que mató alrededor de 3000 personas, seguido luego por el devastador terremoto del martes 12 de enero del 2010, en donde murieron alrededor de 316 mil personas, 350 mil resultaron heridas y 1.5 millones quedaron sin hogar.