Globos de Oro, Oscares y el insoportable ruido de las premiaciones

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La discusión sobre la importancia de los galardones en el cine puede ser tan antigua como el propio arte. Pero eso no quiere decir que su vigencia haya mermado ni un segundo, vistos los desacuerdos y los enojos que aún suscita como se ha visto en las nominaciones de los Globos de Oro.

Los galardones otorgados por la Asociación de Prensa Extranjera de Hollywood (Hollywood Foreing Press Asociation- HFPA) se ha visto bajo cuestionamientos por excluir a Minari  de Lee Isaac Chung de la categoría de Mejor Película y colocarla en el renglón de Mejor Película Extranjera  alegando que estaba hablada mayormente en coreano, un parámetro que no se usó con Babel (2006) de Alejandro Gonzalez Inarritu, ni en Unglorious  Bastards (2009) de Quentin Tarantino, las cuales estaban muy  por debajo del 50% de idioma ingles en los diálogos, regla aplicada  a  Minari.

Otra vertiente de este affaire es un artículo del periódico Los Angeles Times publicado el 2 de febrero sobre el funcionamiento y la estructura  de la HFPA  con testimonios de personas que cuestionan la ética con que se maneja la organización. Stacy Perman y Josh Rottenbeg en el  texto «Tumulto entre los votantes de los Globos de Oro: Los miembros acusan a la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood de falta de ética», hacen un recuento pormenorizado y contrastado de los conflictos internos y externos de esta organización, y como dice una fuente citada acerca de quienes la integran, «viven por los eventos más que por el amor al cine; se trata más de cómo los tratas».

El valor mercadológico o financiero se puede ver alterado cuando se obtiene una  distinción en cualquiera de los apartados de los filmes, pero eso no tiene nada que ver con los valores artísticos y su permanencia en los gustos o las mentes de los espectadores en donde el gran juez, con su juicio inapelable, es el tiempo.

La publicidad y la propaganda de las casas distribuidoras nos quiere hacer creer que obtener una cierta cantidad de Globos de Oro, Oscares, Palmas de Oro en Cannes u Osos de Oro en Berlín, le concede una superioridad a la obra producida por este o aquel estudio. Nada más falso. Esos premios son otorgados en unas circunstancias o espacios de tiempo de corta duración y a veces de rápido olvido.

La feroz competencia comercial y de egos

Si se elige competir contra un producto salido de un estudio o productora de gran poder, se sabe que se irá en desventaja por las influencias que estas compañías tienen y porque usarán toda su maquinaria para dar a conocer su película o corto. Que tu obra pueda aguantar tal embestida y logre posicionarse, dándose a conocer entre el público, es a veces un logro mayor. Irás haciéndote un espacio en estos ambientes tan competitivos. 

Los premios son excelentes para el ego y de enorme ayuda para la publicidad del filme o de las figuras que participan en él, son escasos los personajes de este mundo que se permiten expresar sus opiniones sobre la pertinencia o no de recibirlo, como lo ha hecho el actor inglés Tom Hardy, y mucho menos rechazarlo como hizo Marlon Brando, en ambas situaciones estuvo de por medio el  Oscar.

Un caso que levantó bastante escándalo fue la broma que hizo Luis Buñuel al sugerir que había pagado una cierta cantidad para conseguirlo, él competía con El Discreto Encanto de la Burguesía (1972). Buñuel ganó el  Oscar y aun se permitió hacer una segunda al recibirlo: “Los norteamericanos tienen sus defectos, pero son hombres de palabra”.

El Oscar tanto puede premiar a un documental sobre la menstruación, nominar menos mujeres y darles premios en más categorías, premiar y nominar más negros, pero pueden darle el mayor reconocimiento a una película donde un hombre blanco le enseña  a un negro a ser un mejor negro, y encima, darle 4 estatuillas a un filme que dirigió un acusado de pederastia. 

Los reconocimientos de la Academia, al igual que otros, son un complicado juego de pesos y contrapesos, en donde priman los poderosos estudios y ahora se adicionan las plataformas, por lo que si miramos los resultados,  vemos que el pastel se reparte dejando los triunfalismos y enojos necesarios.

La historia juzgará a los galardonados.

Tan frágiles y poco importantes son a veces los premios, que un año después es difícil recordar el nombre de aquella gran película premiada en Cannes, San Sebastián, o esa otra que recibió un Globo de Oro o el Oscar, hundiéndose en el anonimato y la bruma de lo intrascendente. Otras que les pasaron por las narices a los jurados de esos importantes certámenes, gozan de una mayor valoración.  

En 1971, George C. Scott, que ganó  por Patton el premio al mejor actor, criticó la ceremonia de los  Óscar “por ser dos horas de desfile de carne, una ostentación pública con trama de suspenso por razones económicas”.  Scott rechazó el reconocimiento, lo que no impidió que fuera nominado del año siguiente.

Los  reconocimientos en los países con industrias sólidas en producción fílmica, implica entenderlos como parte del proceso mercado lógico, y por tanto, estas distinciones aumentan las recaudaciones y elevan el  caché que cobran los participantes en ella. Entonces, lo que vemos tiene una justificación más financiera que artística. 

Una película o un director trascenderán si existen la honestidad y la calidad estética en el discurso expresado en la obra, y si de paso se consiguen algunos lauros de ocasión. Bienvenidos sean en nombre de esos valores superiores. Un premio puede llenar los bolsillos, los estantes o las paredes, pero no es una garantía para perdurar en la memoria de los espectadores.

Humberto Almonte

Analista de Cine.-