Roma.- Hace justo 300 años, en el seno de una familia modesta de Venecia, nacía Giacomo Casanova, el célebre aventurero, escritor, hombre de mil facetas, arquetipo del seductor libertino del siglo XVIII y una figura que, tres siglos después, sigue siendo una leyenda viva.
El mítico seductor, nacido en la Ciudad de los Canales en 1725 y muerto en el castillo de Dux -actual República Checa- en 1798, tuvo una vida llena de intrigas por Europa que plasmó en ‘Historia de mi vida’, un manuscrito de 3.700 páginas donde narra las peripecias que le hicieron uno de los personajes icónicos del Siglo de las Luces.
300 años después de su nacimiento, este hombre que aseguró haber tenido al menos 122 aventuras amorosas, tiene su nombre anclado en la cultura popular. Este 2025, entre otros eventos, el carnaval de Venecia dedicó la festividad a su figura con un programa especial que recordaba el legado de Casanova, “encarnación del juego, del amor y la locura”, dijo el director artístico de la fiesta, Massimo Checchetto.
Para ello, durante el Carnaval, celebrado entre el 4 de febrero y el 14 de marzo, Venecia dedicó numerosas representaciones dedicadas a este hijo natal de la ciudad, quién se zambulló en la edad de oro del espectáculo y del arte de la era del ‘Settecento’.
En sus 73 años de vida, Casanova estuvo en constante cambio: fue viajero, escritor, diplomático, masón, amante del juego -llegó a ser su sustento- o agente secreto. De joven se formó en ciencia y filosofía, latín, griego o ámbito eclesiástico y tradujo parte de la Ilíada.
También se hizo pasar por médico y se le acusó de fraudes, estafas y escándalos que le llevaron a huir y deambular una vez tras otra por multitud de lugares por Europa, donde no obstante logró casi siempre cultivar relaciones con las clases altas y los círculos aristócratas.
En 1744, estuvo bajo mira de la Inquisición por poseer libros prohibidos, lo que le obligó a escapar de Venecia. Años más tarde, tras volver, fue encarcelado en la Prisión de los Plomos del Palacio Ducal por estar envuelto en prácticas mágicas y esotéricas -otro elemento que cultivó en su vida-, aunque se logró evadir de ella en cuestión de un año, otro episodio que engrandeció más su leyenda.
A partir de ahí, en 1756, empezó el que sí fue su largo exilio de la Ciudad de los Canales, que duraría casi dos décadas. Primero fue a París, donde tuvo estrecho vínculo con el rey Luis XV y su corte, además de conocer a personajes como el filósofo Voltaire.
Según escribe Casanova en sus memorias -un documento histórico en sí que da detalles de la vida del Siglo de Oro, pese a que sobre sus aventuras no siempre queda claro qué es realidad o ficción-, también se relacionó con Federico II de Prusia, fue condecorado en Roma por el papa Clemente XIII y estuvo en Rusia y su capital de la época, San Petersburgo, donde pudo conocer a la misma Catalina la Grande.
También pasó por Inglaterra, Polonia o España, donde siguió con una vida picaresca que iba de los tratos con rufianes o prostitutas hasta la voluntad de seguir relacionado con la más alta nobleza.
Estuvo en Madrid y en Barcelona fue detenido por 42 días en 1768 por un lío amoroso con la mujer del capitán general del Ejército.
Luego estuvo de nuevo deambulando por Italia, donde mantuvo nuevas aventuras amorosas y pasó por ciudades como Nápoles.
A partir del 20 mayo de 2025, esta principal urbe del sur de Italia acogerá en homenaje a los 300 años del nacimiento de Casanova una muestra con tres obras del pintor veneciano Giambattista Pittoni (1687-1767), ilustrativas de las aventuras libertinas del legendario seductor. La exposición se hará en el Palacio Real de Nápoles, donde se cree que Casanova estuvo durante su segunda visita a la ciudad.
Con todo, pese a tener ya cierta edad, las peripecias de Casanova siguieron y, en 1774, para obtener el perdón tras 18 años fuera de Venecia, el aventurero asegura que realizó tareas de espionaje para la Inquisición, lo que le valió un pase para volver a su casa, aunque en torno al 1783 volvería a ser expulsado y se marcharía a Trieste.
Tras pasar de nuevo por ciudades como Viena, Bolzano, Fráncfort, París o Dresde, se retiró a fines del siglo XVIII en el castillo de Dux, donde escribió sus memorias. No las pudo terminar, ya que murió en 1798, aunque su legado -o más bien el mito- pervive hasta hoy.