¿Funcionarios autistas?

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Fue Ramón Alburquerque, el emblemático fundador del Partido Revolucionario Moderno (PRM), veterano de mil batallas del viejo PRD, quien advirtió que el nuevo gobierno de Luis Abinader tiene funcionarios que “ni responden ni corresponden”. Quien habló fue el mismo políglota y erudito que una tumultuosa tarde de los años noventa acuñó el famoso “entren to c…”. La apreciación de ahora tiene el valor de que quien la expresa no es un discriminado compañerito de la base al que después de 16 años de hambre solo fue valorado para llevarlo a votar el pasado 5 de julio. Alburquerque tiene el mérito de haber sido el único funcionario designado por el hoy gobernante que no aceptó el nombramiento, con el revelador argumento  de que “eso no fue lo que hablamos”. 

Se comenta que entre los que ahora comienzan a disfrutar las mieles del Estado  se está leyendo como  catecismo o nuevo evangelio el libro Las 48 leyes del poder, del norteamericano Robert Greene, quien recomienda entre otras recetas darwinistas e inhumanas,  “huir de los fracasados”. Y fracasados, desde el punto de vista socioeconómico, son la mayoría de perremeistas hijos de Machepa que ahora los funcionarios que llevaron al poder “ni les responden ni les corresponden” cada vez que tratan de localizarlos por los mismos números telefónicos que lo hacían cuando estaban “jalando aire” en la oposición.

No está del todo mal que los funcionarios bisoños lean el popular librito de Greene, pero también debieran echarle un vistazo al que publicó un dominicano de nombre Leonte Brea, quien tras grandes éxitos como académico en el extranjero vino al país a colaborar con el gobierno del entonces Presidente Salvador Jorge Blanco cuando las injusticias sociales y el cinismo gubernamental hicieron que este país se prendiera en  candela. El texto del criollo se titula El manejo del poder, donde plantea que el que participa en política debe estar tan preparado como el que actúa en la vida sexual, debido a que “las personas, por estar vinculada la política con su felicidad y sus desgracias, deberían ser educadas en el manejo del poder”. Los funcionarios autistas, que es como vivir aislados en sus propios  mundos, carecen de la condición que recomienda el politólogo dominicano. ¡Dios quiera…!