Fraudes musicales que ensombrecieron la industria

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EFE/Reportajes. Cantantes que no cantan, bandas falsas o melodías robadas. Estos son algunos engaños descubiertos en el mundo de la música.

A veces, la falta de talento es suplida con mucho marketing, playback e, incluso, el talento de otros, ya sea a través del plagio o del robo de su propia voz.

En la historia de la música hay un capítulo dedicado a los que recurrieron a esas “estrategias” y fueron descubiertos. Estos son algunos nombres que aparecen en él.

MILLI VANILLI.

Este es uno de los casos más sonados de la historia del pop. En 1988, el dúo conocido como Milli Vanilli lanzó en Europa su primer álbum, llamado “Girl you know it’s true”, del que uno de sus singles, la pista homónima, se convirtió en un gran éxito y “Blame it on the rain” también tuvo muy buena acogida.

La formación estaba compuesta por Fabrice Morvan y Rob Pilatus, bailarines de profesión y modelos ocasionales que se conocieron en Los Ángeles y volvieron a encontrarse en Múnich, la ciudad donde había crecido Pilatus. El productor Frank Farian se fijó en ellos y firmaron un contrato para lanzar su carrera.

Tenían la imagen, el estilo y el ritmo, pero no la voz, así que ellos hacían playback mientras las voces que sonaban eran las de otros cantantes. El éxito les llegó, sobre todo, por la buena acogida del público estadounidense y, en febrero de 1990, recibieron un premio Grammy.

Finalmente, Farian descubrió el engaño en noviembre de ese mismo año. Morvan y Pilatus ofrecieron una conferencia de prensa para anunciar que devolvían sus premios y para demostrar que podían cantar, aunque no fuera su voz la de las grabaciones. Intentaron continuar con su carrera, pero el resultado no fue el que esperaban. Pilatus murió en 1998 por sobredosis de estupefacientes.

THE MONKEES.

Los intérpretes de la famosa “I’m a believer”, en un principio, también eran un grupo de cartón piedra ideado por un productor en busca del éxito. La idea era crear una versión estadounidense de los Beatles después de que la banda británica estrenase su película, “A hard day’s night”. El resultado fue The Monkees.

Los elegidos fueron cuatro músicos y actores que simulaban cantar y tocar los instrumentos en la serie que protagonizaban. Pero los cuatro integrantes comenzaron a quejarse de la situación. En un momento dado y, tras presionar a los ejecutivos, pudieron tocar y cantar su música. También escribían sus propias canciones, aunque contasen con el apoyo de otros profesionales.

JOYCE HATTO.

Hay territorio para el escándalo más allá de la música pop. También en la clásica. Un ejemplo es el de la pianista Joyce Hatto. En 2007, un año después de su muerte, salió a la luz su verdadera historia.

La revista Gramophone, según publicó la BBC, llevó a cabo una investigación sobre las grabaciones de Hatto que sugería que sus pistas habían sido extraídas de otras grabaciones y modificadas digitalmente.

Su marido y productor, William Barrington-Coupe, reconoció el engaño y aseguró que Hatto no lo conocía y que no era partícipe del fraude.

BONEY M.

Las canciones del cuarteto Boney M, como “Daddy cool”, “Ma Barker” y “Rivers of Babylon”, ponían el ritmo disco en muchos guateques de finales de la década de los años setenta del pasado siglo.

El grupo estaba compuesto por tres mujeres que cantaban y un hombre que ejercía también como showman y bailarín, Bobby Farrell.

Los movimientos de este último, sus estilismos y sus apariciones con el torso desnudo llamaban la atención. Sin embargo, la voz que se escuchaba cuando actuaban no siempre fue la suya.

Boney M., al igual que Milli Vanilli, fue un proyecto puesto en marcha por el productor Frank Farian con dos cantantes, una modelo y Farrell, un DJ nacido en Aruba. La voz que sonaba cuando él abría la boca era la del mismo Farian.

DEEP PURPLE.

No es extraño que las bandas cambien su composición en algún momento, ya sea antes del éxito o después, por deserciones, fallecimientos o desavenencias. Deep Purple, por ejemplo, tuvo dos vocalistas.

El primer cantante del grupo británico formado en los sesenta fue Rod Evans, al que sustituyeron por Ian Gillian en 1969, un año después de la formación de la banda.

Con el nuevo vocalista, Deep Purple consiguió un éxito que mantuvodurante años, hasta que sus integrantes decidieron seguir sus propios caminos en solitario.

En la década de los ochenta, una empresa promotora quería que volviesen a reunirse, pero ninguno estaba por la labor, salvo Evans. La compañía montó una gira con él y músicos de sesión y la vendió bajo el nombre de la banda.

El público que acudía se sentía estafado y los verdaderos Deep Purple pusieron este hecho en manos de sus abogados. Finalmente, Evans tuvo que pagar una multa de varios cientos de miles de dólares.