Este domingo 16, el país celebrará la primera de las dos jornadas de votación programadas para este año,  a los fines de escoger a nuevas autoridades para el período 2020-2024.  Desde las primeras horas de la mañana del domingo, siete millones 481 mil 316 dominicanos estamos convocados para ejercer el derecho y el deber de seleccionar alcaldes, vice alcaldes, directores municipales, regidores y suplentes. 

Durante varios meses, el país fue escenario de manifestaciones masivas, alegres y organizadas de los partidos que protagonizan junto al pueblo está bien llamada fiesta de la democracia.  La Junta Central Electoral, como árbitro del proceso, ha dado muestras de eficiente y respetable desempeño para garantizar un proceso libre de dudas y cargado de las garantías establecidas en las leyes electorales y en la Constitución de la República. 

Aún con el pugilato y las confrontaciones propias de estas jornadas, el pueblo dominicano ha dejado claramente establecida su vocación democrática, como lo ha demostrado en forma constante durante todos los procesos electorales desde que se le puso fin a la dictadura trujillista. 

No hay espacio para la siembra de dudas y mucho menos para acciones que contravengan la paz y la participación entusiasta que promueve la propia población. 

Acudir a las urnas, sufragar y retornar al hogar con la satisfacción del deber cumplido para esperar los resultados que la Junta Central Electoral, revestida de toda confianza dará a conocer, es lo que espera el país y la comunidad internacional que nos observa. 

Y a partir de ahí, continuar nuestra cotidianidad como sociedad laboriosa para incorporarnos con el mismo entusiasmo y voluntad democrática para el evento de mayo, cuando escogeremos nuestras autoridades presidenciales y legislativas. 

El regocijo por el fortalecimiento de nuestro sistema democrático es pleno.      

El pueblo dominicano tiene el control.      

De él es la voluntad y solo suya la decisión de escoger a sus autoridades.