Por Margarita Cedeño

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible constituyen una ambiciosa agenda para toda la humanidad que entraña un reto enorme: si solamente lo asume una parte de la sociedad no lograremos montarnos en el tren indetenible del desarrollo sostenible.

En el mundo empresarial de hoy, los beneficios económicos ya no son la medida del éxito, por lo que vale la pena preguntarnos: ¿Cuáles métricas usará el sector privado para demostrar el impacto que tienen en el bienestar de las personas y las comunidades?

Al sumarse a la agenda de los ODS, el empresariado tiene la oportunidad de alinear sus negocios con una visión sostenible, totalmente medible, teniendo incluso la oportunidad de elegir a cuáles objetivos desea apoyar, según el sector en el que se desenvuelva.

Para ello, la Organización de las Naciones Unidas ha desarrollado una ambiciosa iniciativa que comprende varias herramientas que permiten a inversionistas identificar potenciales inversiones que aportan a la consecución de uno o varios de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Recientemente han concluido las consultas relacionadas al “Sello de Impacto de los ODS”, que no es más que un programa de certificación al cual podrán adherirse empresas que buscan atraer a inversionistas que tengan un compromiso con la agenda 2030.

Mediante la inversión directa en los ODS, la iniciativa privada se puede sumar al trabajo para un mundo mejor y una República Dominicana más próspera para la próxima década. El mayor potencial en torno a áreas como infraestructura, salud, seguridad alimentaria y mitigación de riesgos, especialmente en lo relacionado al cambio climático.

En el año 2018, por ejemplo, la inversión privada en energía limpia alcanzó 288 billones de dólares a nivel mundial. Se trata de oportunidades para que el sector privado pueda impulsar grandes cambios que, a la vez, son redituables en términos económicos y en capital reputacional.

Una segunda opción para aportar a ODS es mediante la implementación de buenas prácticas que aporten a uno o varios de los objetivos, asumiendo la responsabilidad de evitar un daño al entorno o a las personas, aún cuando la ley no se lo prohíba. Algunas empresas de nuestro país ya están dando señales inequívocas en esa dirección, asumiendo la agenda y sus objetivos como parte de la visión compartida con sus colaboradores y “stakeholders”.

Resulta urgente ampliar este enfoque corporativo, porque de acuerdo a un estudio del 2017 realizado por KPMG dice que solo 4 de 10 empresas de la lista Fortune hacen referencia a los ODS en sus informes anuales. La mayoría están en Europa, especialmente Alemania, Francia y Reino Unido; y las demás en Japón y Estados Unidos.

Lo preocupante de ese reporte es que las empresas de sectores industriales, de minería, energía y transporte son las que menos aportan a la consecución de los ODS, a pesar de que son las que más impactan en la realidad social y medioambiental de nuestros países.

Aunque en muchos sectores se hacen aportes, los mismos no resultan suficientes. La filosofía que debemos compartir es la que postula por invertir en el desarrollo sostenible de la sociedad, no solo porque sea lo correcto, sino también porque genera grandes oportunidades económicas.