Sunday, January 17, 2021
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El país

Por M.A. Martínez

EL MUNDO LUCE HOY más hermético. Por doquiera hay temor a un sigiloso y apresurado retorno de la pandemia del Covid-19. La preocupación de la mayoría de los jefes de Estado en casi todos los países es que este inevitable reencuentro con el mal se convierta en una nueva parálisis de la economía mundial y en sus respectivos países.

En el pasado verano vimos las temibles consecuencias recesivas de la mortal pandemia y sus efectos fueron catastróficos para el Producto Interno Bruto de la economía globalista. Sus efectos sobre los mercados fueron catastróficos, produciendo una de las mayores caídas en la historia de sus valores mercantiles.

En ese mismo tenor, fueron visibles los estragos que a la vida humana y al desenvolvimiento normal produjo el virus. Hoy, sin embargo, vemos cómo la pandemia se desplaza tranquila y mortalmente en calles y avenidas, hogares y centros industriales, causando temores inauditos en medio del más cruel escepticismo colectivo.

En un principio hubo aciertos de su inevitabilidad acompañado por igual, de cierta incredulidad o no certezas de los estragos que pudiera causar en un eventual retorno de sus inmisericordes tentáculos.

El cierre de ciudades y países es inminente a lo largo de toda Europa, y en Estados Unidos sus siniestras brisas obligan a tomar medidas cada vez más drásticas frente a su espantosa expansión. En ciudades como Los Ángeles, Texas y Nueva York se discute en torno a inminentes y paulatinos cierres colectivos ante el avance caudaloso de sus   mortíferos vientos.

En México, uno de los países más castigados por la pandemia, ésta otra vez recorre por sus lugares más transitados y llega a los hospitales con decenas de afectados y medio muertos, que son inmediatamente entubados provocando que los récords de internados colapsen el sistema hospitalario mexicano.

El regreso de la pandemia es una triste realidad en medio del uso masificado de las nuevas vacunas de los laboratorios Pfizer y Moderna, que entran al mercado rodeadas a futuros de un panorama más alentador desde el punto de vista sanitario.

La lucha de los gobiernos y autoridades mundiales ahora se desarrolla en dos frentes cualitativamente diferentes: por un lado, figura el creciente aumento a nivel mundial de los nuevos afectados y por otro, la creación de logísticas adecuadas para extender la salvadora vacuna a los mayores estratos posibles de la población.

Son dos campos completamente diferenciados en los cuales existen inclusive, recelos peyorativos de minorías poblacionales que se oponen a ser vacunadas por la panacea médica, que alegan desconocimiento de probables y no comprobadas reacciones al cuerpo humano.

En otros escenarios, la recesión económica mundial a causa de la estrepitosa y repentina caída del PIB tiene en estos momentos pequeños repuntes, aunque muy lentos, en la recuperación de los mercados de capitales e inversión. La economía mundial se mueve cada vez más en números remunerativos, aunque no aproximados a los que teníamos antes de la pandemia. El panorama de la economía mundialista hoy es muy desigual, con las excepciones de algunos mercados asiáticos y orientales que han cosechado un vertiginoso repunte debido principalmente, a las inteligentes respuestas que le dieron al Sars Covid al inicio de su descubrimiento.

La conectividad de la economía Latinoamericana con los cercanos mercados capitalistas, junto a sus desiguales crecimientos, las convierten en una víctima inevitable de las contracciones y repuntes de esos centros de poder económicos, acarreando la mayoría de las veces, las peores experiencias en las desigualdades del comercio y las crisis mundiales. Los valores económicos para las naciones subdesarrolladas al este del Río Bravo, no son iguales a los de sus circunvecinos más desarrollados.

Hay que plantear necesariamente, dos mundos. El antes y después de la pandemia. E inclusive, hoy el mundo desarrollado se alboroza y despliega ingentes esfuerzos para la aplicación por partidas de las nuevas y milagrosas vacunas, mientras todavía al mundo del subdesarrollo no le ha llegado como se esperaba, dosis ya contratadas para su aplicación inmediata a sus poblaciones desesperadas. Son desigualdades subterráneas de dos mundos completamente diferentes, pero ambos azotados por un mismo mal pandémico y por una misma humanidad anhelosa por acceder a la cura posmoderna de un bien medicinal.

Las disimilitudes sanitarias de los dos mundos –el del subdesarrollo y el industrializado—convierten a la pandemia en dos campos muy diferenciados en sus estragos humanos, así como en las capacidades científicas para proceder a su urgente control.

En la República Dominicana, donde la pandemia ha infligido severos daños a su economía, ésta parece volver sobre sus pasos y en la actualidad, los casos de infecciones y mortalidad aumentan en las cercanías de las festividades navideñas.

El gobierno del presidente Luis Abinader realiza enormes esfuerzos para impedir su propagación en un clima de constreñimientos fiscales, a la vez que trata cuidadosamente, de reencausar ciertos sectores básicos de la economía. No obstante, se enfrenta a la desobediencia de parte de la ciudadanía que no quiere acatar las restricciones sanitarias de las autoridades.

El panorama sanitario en el país dominicano presenta claroscuros muy evidentes. La concentración anárquica de personas, y sin respeto a las disposiciones gubernamentales, visualiza un oscuro panorama rodeado de penumbrosos presagios, pese a los intentos por convencer a la población de se que se resguarde ante un inminente retorno más mortal de la temible pandemia.

La situación no es muy cierta y se encamina para fin de este año o comienzo del próximo trimestre, para futuros y tenebrosos desenlaces sanitarios. El dilema es muy difícil para el joven gobierno que inició en agosto pasado y que enfrenta también, serios desafíos económicos.

En todo caso, son desafíos de un mundo con nuevas envolturas. De generaciones que no conocieron los retos que el mundo de hoy presenta, sobre todo, un mundo más complejo y con inusuales retos históricos por venir.

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