El fin de la corrupción permeada

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Por Santos Aquino Rubio

Por décadas los poderes públicos del país han sido impactados por la inconciencia de políticos y malos administradores, en determinadas áreas, permitiendo que la corrupción, el tráfico de influencia, los antivalores, y otros males de la sociedad se apoderen del ejercicio del Estado, permeando prácticamente todas las instancias.
Esta vez, al parecer, la voluntad política transita por otros senderos y es posible que los poderes Legislativo, Judicial y el Ejecutivo sean cubiertos con el cristal de la transparencia, la dignidad y el decoro, para poner fin a la corrupción, el crimen de Estado, al nepotismo y a otros vicios de la práctica política.

Los poderes, permeados hasta el momento, deben alcanzar total independencia, para que asciendan a la administración de la cosa pública en sus tres instancias, las personas que reúnan efectivamente las condiciones de capacidad, honestidad, dignidad y apego a los valores patrios.

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Para ser esto posible no basta con la intención de un presidente o de varios ministros de un gobierno, algunos jueces y legisladores, sino que debe involucrarse a la sociedad para exigir que quien aspire a la cosa pública no lo haga con la intención de servirse de ella.

Los ciudadanos estamos en el deber de vigilar, valorar y reclamar de los funcionarios elegidos o designados el mejor desempeño y pasarles factura cuando no cumplan con la responsabilidad asumida o afecten los intereses de la nación y de sus habitantes.

Está bueno ya de amasar fortunas a costa del Estado o procurar privilegios para fortalecer la industria del vicio y el crimen, pues los dominicanos tenemos derecho a vivir sanamente, tener buena salud, educación y otros privilegios inherentes a la convivencia humana y, no solo al sacrificio para que otros vivan como reyes sin el menor esfuerzo.

Hay que sellar con poderoso impermeabilizante, las instituciones públicas, para que la corrupción no siga cargando con los beneficios del sacrificio de los ciudadanos que pagan impuestos y que quieren vivir como Dios manda. Ha llegado la hora