Por Martín Polanco

La pandemia por coronavirus ha llevado mucha gente a dedicarse al cuentapropismo o negocio por cuenta propia.

Son alternativas a las que han debido acudir, incluso, aquellos que nunca lo imaginaron. No ha quedado de otra, para individuos que por años tuvieron empleo estable, cobrando los días 15 y 30 de cada mes. Pero de repente la crisis sanitaria complicó todo y los puestos laborales se fueron al piso.

Para las actividades de venta y búsqueda de sustento se emplea todo aquello que puede resultar útil, desde baúl del carro o yipeta, hasta la cama de una camioneta o la marquesina de la casa. Juan Carlos Encarnación vive en el sector Herrera. Por años llegó temprano a la pequeña empresa en la que laboró. Lo tenía prácticamente como hábito, hasta que el mundo declaró que el coronavirus (Covid-19) del que los dominicanos se enteraban que hacía estragos en Italia y España, pasó a ser pandemia. Se extendió por todo el mundo.

“Los primeros días me preguntaba cómo hacer para conseguir el sustento de la familia. Esto me agarró con apenas algo de ahorro y el dinero acabó pronto”, rememora. Juan Carlos se está dedicando ahora a la venta pastelitos y quipes en las inmediaciones de su casa. Kenia Rodríguez vive también en Herrera, pero en un lugar distante al de Juan Carlos y ninguno se conoce. Pero llevan en común el movimiento que han debido hacer en sus vidas frente al contexto actual. Kenia se dedica a vender helados en fundita, aprovechando un taller y repuesto de vehículos que le queda cerca. Los empleados cada tarde se liberan de “un par de pesos”, para adquirir el producto que vende Kenia. El sabor de los helados es tan variado, como la cantidad de clientes que los consumen.

Hay de guayaba, de limón, de piña y tamarindo. Pero también la dama los prepara de coco y leche o de leche con batata. “En un día bueno he sabido vender 800 pesos de helados y la gente se queda por más. Otras veces vendo 600”, dice. Cada helado cuesta 10 pesos.

Si Kenia logra vender en promedio 600 pesos cada día del mes y a ese mes se le calculan solo 20 días (tomando en cuenta que el domingo y días feriados el taller donde ella vende no abre) entonces Kenia obtiene 12 mil pesos al mes. Es más o menos el equivalente a uno de los salarios mínimos de los existentes en el sector privado no sectorizado. “Me sirve para algo”, le dice a elCaribe cuando conversa.

A otras personas se les ha ocurrido ofertar plátano, huevo, sandía, pescados o camarones. Uno de ellos es Alexis Vega.
Antes de la pandemia (a inicios de marzo), la cantidad de personas ocupadas en país era de 4,605,474, calcula el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en un ejercicio que realizó, titulado “Observatorio Laboral COVID-19”. El organismo –en una mirada ampliada sobre la región- indica que en ocho países de América Latina desde el 10 de febrero al 10 de septiembre de 2020 se perdieron 25.04 millones de empleos. Entre esas pérdidas hay que incluir las de República Dominicana.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) calculaba hace dos meses (eso posiblemente ha ido cambiando) que las horas de trabajo que se han perdido en el mundo por efecto de la pandemia por coronavirus equivalen a 400 millones de empleos perdidos. Una cifra para preocuparse por todo lo que se deriva de ello.

“En el segundo trimestre de 2020 se perdió en todo el mundo -y eso incluye a República Dominicana- el 14.0% de las horas de trabajo, calcula la OIT, a propósito del curso de la pandemia.
Un corte realizado al 14 de agosto de 2020, del Ministerio de Trabajo, indica que había registradas 52,357 empresas en el programa FASE que diseño el gobierno pasado y que el actual ha continuado, con 134,116 solicitudes y 1,385,996 trabajadores afectados.