Dramas en la cinematografía dominicana

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A la hora de abordar los conflictos en el cine como en las demás artes se acude a determinados géneros como es el drama para producir una reacción en los espectadores, cuyas catarsis consiguen el efecto liberador para los conflictuados espíritus de quienes acuden a observar las obras que siguen esta corriente.   

En la cinematografía criolla el inicio del drama se da a manos del pionero Francisco Arturo Palau en el año 1923 con “La Leyenda de la Virgen de la Altagracia”,  basado en la aparición y desaparición del cuadro de la virgen en el siglo XVI. Esta figura religiosa es de gran importancia en la cultura dominicana y en nuestras raíces identitarias. 

La lenta evolución fílmica que hemos padecido no ha dejado de producir obras que han marcado las pantallas dominicanas, así “La Silla” de Franklin Domínguez, estrenada en 1963, es un monólogo que se acerca de manera directa al drama social de un pueblo que acaba de salir de una dictadura de 31 años. Es lamentable que la única copia conocida esté inutilizable, la única esperanza es que pueda aparecer otra. 

Otro hito dramático intenso es “Un Pasaje de Ida” -1988- de Agliberto Meléndez, un abordaje de la tragedia migratoria del barco Regina Express. La película se introduce en las vidas de los polizontes para reflejar de manera cruda las condiciones miserables de la existencia de estas personas, arrinconadas por el desdén social. 

En la actualidad, la producción de dramas es significativa aunque exista la tendencia a infravalorarlos, pero ejemplos como el de Cocote, Dólares de arena, Miriam Miente, o de cortos como Dolore, Cállate niña o Santo Cerro, para solo mencionar algunos ejemplos. La calidad de estas y otras obras de este género le agregan una pátina de respetabilidad a una parte del cine local. 

Una vía expresiva importante 

La Ley de Cine ha impulsado el crecimiento de las películas dramáticas como no lo habíamos visto desde “Un Pasaje de Ida”, y aunque se puede argumentar que también ha crecido un cierto cine falto de altura de propósitos, de factura técnica o estética, es innegable que poco a poco vamos acumulando buenos filmes. 

El lista de directores que eligen el drama aumenta día a día, ahí están Leticia Tonos, Victoria Linares Villegas, Mary Helen Ferreiras, Alfonso Rodríguez, José María Cabral, Ayerim Villanueva, Félix German, Laura Amelia Guzmán, Israel Cárdenas, Oriol Estrada, Natalia Cabral, Nelson Carlo de los Santos, Virginia Sánchez Navarro, y otros que componen un grupo de  veteranos y recién llegados realizadores de cortos y largos, lo que augura una continuidad que esperamos sigan produciendo buenos contenidos a lo largo del tiempo. 

Los filmes dramáticos atraen a las audiencias quizás no en la medida de sus pares de la comedia, pero si a un número significativo que aprecia los temas planteados reconociendo los valores estéticos y de producción que suelen estar por encima de la media en los ejemplos más valorados.  Si nos ponemos a revisar filme por filme podemos comprobar que esta apreciación es real. 

Es evidente que existen áreas a mejorar y podríamos mencionar entre ellas dos, el guion y la dirección de actores, pues hemos visto filmes arruinados por la pobreza de los diálogos o la deficiente construcción de los personajes, cuya endeblez echan por la borda las interpretaciones. Más de una vez nos ha  asombrado ver a un buen actor asumir un diálogo que no se corresponde ni con su interpretación y mucho menos con la organicidad del personaje. 

La existencia de un género dramático, específicamente dominicano aún no existe. Esto es un proceso de construcción cuyos modos específicos se encuentran dentro de una identidad cinematográfica local. El tiempo ha sido muy corto como para pretender estar en unos niveles solo conseguidos por cinematografías más longevas y pecaríamos de injustos si se piden resultados cercanos a la maestría, cuando estamos dando los primeros pasos. 

Hagamos un drama 

Los galardones obtenidos por Cocote en Locarno, los de Miriam Miente en Málaga, de Dólares de arena en El Cairo, de Isla Rota en Canarias, así como la selección en prestigiosos festivales de estos y otros dramas dominicanos, deben de llenar de satisfacción al sector en general, pues es un reconocimiento a lo que se está haciendo bien por estos lugares. 

El futuro de las películas de género dramático en la República Dominicana puede visualizarse con un cierto optimismo el cual proviene de un grupo de realizadores que cargan sobre sí la responsabilidad de producir obras que expresen y representen los conflictos vitales del ser dominicano, detallando las dificultades de su existencia. 

Humberto Almonte

Productor y Analista de Cine.-