Dios nos Libre

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Preocupa que desde el gobierno se tenga el peregrino convencimiento de que estamos preparados para afrontar “cualquier rebrote” del Covid-19.

Con las conocidas limitaciones del sistema nacional de salud, las violaciones flagrantes de las medidas de control y distanciamiento, la inexplicable disminución en la aplicación de las pruebas y la presencia peligrosamente activa del virus, constituye una osadía asumir tal actitud y planteamiento.

Muy desafortunado sería también el darle riendas sueltas al peligro de una pandemia mortal, propiciando reaperturas a la educación presencial, ya de por sí innecesaria, cuando apenas restan semanas para la culminación del actual año escolar.

El gobierno ya cometió un desliz al romper el protocolo establecido para el proceso de vacunación para darle paso a la inoculación de los maestros, todo para responder al capricho o tozudez del Ministerio de Educación, sabrá Dios por cuales poderosas razones.

Hoy tenemos la incertidumbre sobre la llegada del próximo lote de vacunas para retomar el programa de vacunación y su protocolo, avanzando en la primera de las fases establecidas con las personas mayores de 60 años.

Como en casi todo el mundo, nuestra nación ha sido severamente afectada por la pandemia que se ha llevado consigo un proceso de crecimiento económico ejemplar, provocando más de 10 mil millones de dólares en pérdidas del producto en el 2020, con dolorosas secuelas de muerte, limitaciones y angustias.

¿Preparados para un rebrote? De ninguna manera.

Seamos sensatos, actuemos con la debida prudencia y roguemos que de una nueva ola de la pandemia nos libre Dios.