Dr. Víctor Garrido Peralta

Thank you for reading this post, don't forget to subscribe!

Imagine que acude al médico por una infección bacteriana. Le recetan un antibiótico de 500 mg. En la farmacia cuesta RD$337.43. Paga con RD$400 y el cajero, con la indiferencia de lo rutinario, le devuelve RD$62. Al reclamar, la respuesta es un “clásico” de nuestra patología comercial: “No tengo menudo”. Y le devuelve RD$62. Le faltan 57 centavos. Reclama. Le ofrecen dos mentas.

Publicidad

Intente pagar su próxima compra con esos mismos 57 “centavos” convertidos en caramelos. La respuesta será fulminante: “Aquí no aceptamos dulces como moneda”. Caramelos: moneda de curso no legal. Eso es fraude.

La perversión es completa:

* Te imponen una “moneda” que ellos no aceptan.

* Le asignan un valor unidireccional.

* Obtienen doble ganancia: se quedan con tus centavos y te colocan mercancía no solicitada.

No es una analogía médica. Es la experiencia cotidiana de millones de dominicanos. Bienvenidos al robo hormiga sistémico más silencioso y rentable del país: precios fraccionados sin cambio disponible que drena diariamente los bolsillos de millones de personas.

La anatomía del fraude: mil millones de “nada”

El peso dominicano se divide en 100 centavos. Sin embargo, no circulan monedas de centavos. La denominación física mínima es RD$1 desde la década de 1980, cuando las últimas monedas de centavos dejaron de circular.

Fijar precios con decimales (RD$9.99, RD$14.50) cuando el instrumento para devolverlos no existe es precisión ficticia. Es prescribir una dosis en microgramos cuando solo tenemos balanzas de kilos.

Hagamos una autopsia a los números. Con un cálculo conservador de 13.2 millones de transacciones diarias en el país, si solo el 40% se ve afectado por este “faltante” de apenas 50 centavos, estamos hablando de una retención ilícita de RD$963.6 millones al año.

Tomografía del costo real

Casi mil millones de pesos que se quedan en las cajas sin haber vendido mercancía, sin generar ITBIS y sin tributar Impuesto Sobre la Renta (ISR). Es dinero fantasma que cuadra cuentas ajenas con el esfuerzo propio. Al no registrarse como venta, el Estado pierde, según nuestras proyecciones, unos RD$173 millones anuales en recaudación de ITBIS.

Diagnóstico: parasitosis sistémica

En medicina, un parásito no aniquila al huésped de inmediato; lo debilita drenando sus nutrientes gota a gota.  Produce anemia, debilita y, si no se trata, colapsa el sistema. El comercio dominicano padece una infección similar. Millones de transacciones con centavos que el sistema monetario no puede —o no quiere— devolver.

El mecanismo es perverso por su simplicidad:

1. El comercio fija precios con centavos.

2. El cliente paga con billetes.

3. El cambio exacto no aparece.

4. El redondeo favorece al comercio o se “compensa” con dulces.

5. La diferencia se queda en caja sin vender nada a cambio.

Lo que parece una insignificancia individual se convierte en una metástasis financiera cuando escalamos las cifras. No es un error operativo. Es un modelo de captura sistemática.

Vacío legal: impunidad funcional

El marco normativo es elocuente por su silencio:

– Ley 358-05 (Consumidor): no obliga a devolver cambio exacto.

– Código de Comercio: no regula el cambio al detalle.

– Constitución: no entra en la materia.

– Ley Monetaria 183-02: autoriza emisión; no obliga a mantener cambio.

Resultado: impunidad total. ProConsumidor no sanciona la ausencia de cambio. No hay reglas, no hay castigo, no hay disuasión.

El síndrome del “no tengo menudo”

El daño no es solo económico; es moral. Reclamar centavos provoca miradas de fastidio. La víctima es tratada como culpable. Se normaliza la injusticia: te hacen sentir mal por exigir lo tuyo.

Comparación internacional: sí hay cura

No tenemos que inventar la medicina; otros pacientes ya se han curado. Países como Chile y Colombia han implementado leyes de redondeo obligatorio; si el comercio no tiene el cambio exacto, la ley le obliga a redondear a favor del consumidor. En Costa Rica, la exactitud es absoluta en pagos digitales, eliminando la excusa del “menudo”; redondeo claro en efectivo.

EE. UU.: obligación legal de cambio exacto; sanciones. UE: monedas fraccionarias; redondeo solo con consentimiento.

Funciona cuando hay reglas claras. Aquí, en cambio, hemos normalizado que el cliente sea tratado con fastidio por exigir lo que por ley y moral le pertenece.

Tratamiento: intervención de choque

No podemos seguir tratando esta infección con paños tibios. Se requiere una intervención legislativa y ejecutiva inmediata:

1. Ley de redondeo equitativo y obligatorio (modelo Chile/Colombia):

  1.   En efectivo, precios finales en enteros.
  2.   Redondeo transparente y equitativo. El redondeo debe ser siempre a la unidad inferior a favor del        cliente si no hay cambio disponible.
  3.     En pagos digitales, monto exacto.

2.  Obligación de mantener cambio o deuda registrada y reclamable.

3. Prohibición de “compensar” con mercancía sin consentimiento expreso; si se acepta, debe ser aceptada como pago futuro. El dulce no es moneda de curso legal.

4. Fiscalización permanente y mapa público de infractores.

5. Tipificación fiscal del dinero no devuelto como ingreso no declarado sujeto a auditorías de la Dirección General de Impuestos Internos (DGII).

6. Campaña de empoderamiento: bajo el lema “Devuélveme mi peso”, ProConsumidor debe habilitar canales de denuncia inmediata para sancionar la reincidencia.

Costo de la inacción

Con inflación, los centavos de hoy serán pesos mañana. El robo hormiga escala. El hábito se consolida. La parasitosis progresa.

Llamado a la acción

Demando al Ejecutivo activar al Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes (MICM) y ProConsumidor.

Insto al Congreso a legislar una ley de redondeo y reforma a la 358-05.

Exijo al Ministerio Público investigar evasión fiscal.

Convoco a los consumidores: reclame su cambio, denuncie, rechace caramelos.

A los medios: investiguen y expongan.

A los comerciantes honestos: desvincularse.

Corolario

La salud de nuestra economía depende del respeto al valor de cada centavo. Reclamar su cambio no es mezquindad; es un acto de higiene ciudadana. El “no tengo menudo” es una estafa envuelta en papel de caramelo y se quedan con tus centavos. Esto no es un inconveniente menor. Es un saqueo estadístico.

Tu peso importa. Tus centavos importan. Señores comerciantes, autoridades y legisladores: el pueblo no quiere mentas, quiere su dinero. Devuélveme mi peso. No es un favor. Es mi derecho.