Raquel Martori
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La Habana.- El asedio petrolero de EE.UU. ha llevado al Gobierno cubano a preparar un programa de emergencia “muy difícil” para la población que recuerda al temible fantasma de la “opción cero”, el plan de supervivencia del “periodo especial”, anunciado hace ahora 35 años.
La escalada de presiones de Washington sobre La Habana, con el fin del petróleo venezolano tras la operación militar en Caracas y la orden presidencial que amenaza con aranceles a los países que suministren petróleo a Cuba ha abocado al Gobierno cubano, que debe importar dos tercios de sus necesidades energéticas, a esta decisión.
El viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, declaró esta semana a EFE que La Habana ha previsto “un proceso de reorganización” aunque “va a requerir mucha creatividad”.
“A nosotros no nos agarra desprevenidos este episodio. Nosotros hemos modelado durante años las acciones que Estados Unidos puede adoptar contra el país y nos venimos preparando”, señaló.
No obstante, advirtió que “no es algo sencillo, es algo difícil para la gestión del Gobierno y es algo muy difícil para la población en su conjunto, para la industria, para la producción de alimentos, para la agricultura, para los servicios”.
El abismo al que aboca estas tensiones entre Washington y La Habana recuerda a muchos cubanos a otros tiempos, a la depresión que siguió al hundimiento del bloque soviético en Europa y a los planes para resistir.
Cómo fue el ‘periodo especial’
El ‘período especial en tiempo de paz’ fue una profunda crisis económica desencadenada en Cuba a principios de la década de 1990 por la desintegración de la URSS, su principal aliado político y comercial, que le suministraba entre diez y trece millones de toneladas anuales de petróleo a precios subsidiados, cubriendo casi la totalidad de sus necesidades energéticas.
Este suministro, que incluía crudo y derivados, era parte de un intercambio donde la URSS recibía azúcar, níquel y cítricos cubanos a precios preferenciales, lo que constituía un subsidio masivo. Pero comenzó a reducirse drásticamente en 1991.
Entonces se mantuvieron las importaciones de al menos diez millones de toneladas de petróleo y 1,5 millones de toneladas de cereales del país euroasiático, marcando el inicio del ‘periodo especial’ en la economía cubana cuyo producto interno bruto (PIB) se derrumbó un 35 %.
En 1992 el comercio con el antiguo bloque socialista europeo se contrajo al 85 %, después de que en 1989 alcanzó 11.857 millones de dólares se desplomó a 830 millones, en su mayoría resultante del intercambio petróleo-azúcar con Rusia.
Además de pérdida de subsidios, fueron suspendidos créditos y entregas de recursos provenientes de convenios de colaboración para el desarrollo y varias obras renegociadas.
La ‘opción cero’
Fue la estrategia de emergencia concebida por el entonces presidente Fidel Castro (1926-2016) como el escenario límite de ‘cero petróleo’ durante el ‘periodo especial’ ante la crisis energética y económica.
Implicaba un racionamiento extremo, autosuficiencia alimentaria, el uso de tracción animal, carbón vegetal para cocinar y transporte no motorizado, entre otras medidas para enfrentar una parálisis total del país.
Fuerte impacto económico y social
La industria cubana, con tecnología soviética, se paralizó por la falta de combustibles, materias primas y piezas de repuesto.
Los apagones de hasta 16 horas diarias se normalizaron, la escasez de alimentos y combustible era severa, el transporte público colapsó y fue sustituido por bicicletas, se racionaron todos los bienes subsidiados, el mercado negro repuntó y tuvo lugar una drástica reestructuración económica.
La crisis atizó también un éxodo masivo -la ‘crisis de los balseros’, con unos 35.000 migrantes- que se disparó tras la protesta ciudadana del 5 de agosto de 1994, conocida como ‘El Maleconazo’, cuando cientos de personas se manifestaron en La Habana.
El ‘periodo especial’ también causó estragos en la salud de los cubanos. Apareció la neuropatía óptica y periférica, enfermedad que afectó a más de 50.000 personas entre 1991 y 1993, caracterizada por la pérdida de visión y alteraciones sensoriales, vinculada a un déficit nutricional de vitamina B y al consumo de tabaco y alcohol.
También impulsó el uso masivo de bicicletas, la agricultura orgánica en espacios urbanos, pero trajo la despenalización del uso del dólar y una tímida apertura al trabajo autónomo con autorización de licencias, aunque muy restringidas.
El ‘periodo especial’ se recuerda como uno de los momentos más traumáticos de la Cuba desde 1959, una crisis que obligó a una reestructuración de la industria y la alimentación, dejando una huella indeleble en la economía y la sociedad cubana. EFE










