Por Eduardo Klinger Pevida

Vivimos una situación sin precedentes ante la concurrencia de una pandemia que no distingue clase social, raza u opulencia económica, que trastorna la vida de todos y pone la economía global al borde de una crisis sin parangón en la historia.

Habría sido una excelente oportunidad para que el liderazgo global pusiera por encima de intereses mezquinos el bien común y se abrieran puertas y ventanas para la cooperación y el intercambio constructivo. Pero no, no hay espacio para ello en un mundo donde aún los hegemonismos persisten en ambiciones de dominación.

 En el manejo de esta terrible crisis China puede haber cometido errores como igualmente ha registrado grandes logros que reconocen las agencias internacionales. Seamos agudos. Al brotar súbitamente un panorama de infección desconocido cualquiera puede haber resultado sorprendido y no percatarse del alcance. Se le acusa de falta de transparencia, lo que quiere decir que no dijo la verdad de la cantidad de infestados; tal afirmación no deja de ser especulativa como igualmente se acusó a otras naciones e incluso en los propios EEUU.

Me voy a los hechos. En momentos en que el número de infestados crecía, de un día a otro, el aumento fue alarmante y las autoridades chinas reconocieron que se debió a cambio en la metodología de cuantificación del contagio incluyendo a quienes estaban bajo vigilancia. Preguntémonos, ¿por qué tomar una decisión pública en medio de la curva ascendente que reflejaría un agravamiento de la propagación? Contradictorio en quien quiere ocultar la magnitud de la epidemia.

Ahora analicemos la reacción en otros países. Ninguno puede aducir sorpresa. Se conocía la enfermedad, sus características, ritmo de propagación y nivel de letalidad, no había margen para irresponsabilidad e ignorancia.

Varios se tardaron en reaccionar siendo el caso más escandaloso, comentado y criticado el de EEUU con su presidente como principal protagonista. La prensa lo acusa ampliamente basada en sus propias declaraciones y acciones desarticulando instituciones anti epidémicas de la nación.

Preocupante confrontación EEUU-China. Washington abiertamente quiere vender la idea de una actitud maliciosa de China “creando” el virus. Una cuestionadora en el “Debate” Biden-Sanders preguntó a Biden si haría que China “pagase” por la epidemia.

Expresión de la histeria que se ha desatado contra Beijing. China tiene sus preocupaciones. Recordemos que al estallar la epidemia el secretario de Comercio exclamó públicamente que era buen momento para las empresas norteamericanas volver a EEUU. Un portavoz del gobierno chino ha insinuado que el virus pudo llegar a Wuhan con soldados norteamericanos, en clara alusión a juegos militares efectuados en Wuhan semanas antes. El Pentágono rechazó la acusación y aunque reconoció que hay militares contagiados ninguno, afirma, estuvo en Wuhan.

Lo que más llama la atención es la existencia del libro de 1981 –Los ojos de la oscuridad- donde habla del virus “Wuhan 400” con origen en esa ciudad y descrito como “arma perfecta”. Inicialmente el virus era ruso pero en 1996 se reajustó para nueva edición y se le nacionalizó chino.