Keegan Matheson
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DUNEDIN, Florida — Esto no comienza hasta que Vladimir Guerrero Jr. diga que comienza.
Guerrero es el sol. Es el más grande y el más brillante, la fuerza alrededor de la cual orbitan todos y todo lo demás. Ahora no hay duda de eso, pero hace un año sí la había.
Hace un año y 20 horas, el toletero dominicano salió por las puertas del clubhouse de los Azulejos a las 8:01 a.m. en el primer día de entrenamientos con el equipo completo y dejó sin aire el ambiente con una sola palabra. “No”, no había llegado a un acuerdo de extensión de contrato con los Azulejos antes de su fecha límite, y parecía que todo podía derrumbarse en un lento y doloroso desastre. El lunes, Guerrero se recostó en una pared, a unos seis metros de distancia, sonriendo mientras el manager John Schneider elogiaba el liderazgo y el crecimiento del joven al que conoce desde que era un prodigio adolescente.
“Eso viene con el contrato”, destacó Schneider. “Es algo obvio, ¿no? Va a estar aquí 14 años más y es la cara de la franquicia”.
La fecha límite de Guerrero hace un año no era real, por supuesto. Ese contrato de 14 años y US$500 millones lo consolidó como el centro del universo de los Azulejos. Cuando termine el pacto, Guerrero seguramente será la persona más importante en la historia de esta organización. Con ese contrato y sus hazañas de octubre ya en el pasado, Guerrero está en una posición soñada. Ya recibió su dinero, entra en su mejor momento y juega para una organización decidida a invertir, y a ganar, a su alrededor.
Por primera vez, sin embargo, Guerrero seguirá adelante sin Bo Bichette, su compañero y amigo cercano desde que ambos eran apenas muchachos, ascendiendo juntos por las Ligas Menores como los futuros rostros de los Azulejos. Esto es nuevo para él, afirma Schneider, pero puede ser algo positivo para Guerrero.
“En todo caso, le permite a Vlad tener una voz más fuerte y ser más libre”, señaló Schneider. “Cuando estás tan unido a alguien día tras día durante ocho o 10 años, eso se convierte en la norma. Creo que ésta es una oportunidad para que Vlad tenga una voz más fuerte y entienda que éste ha sido su equipo y que va a seguir siendo su equipo”.
Guerrero no es muy enfático cuando habla, pero eso es a propósito. Prefiere llamarse un buen compañero, no un “líder” en el sentido clásico. Una cosa conduce naturalmente a la otra. Año tras año, primavera tras primavera, la voz de Guerrero ha ido creciendo. Pasó de ser un participante callado en los ejercicios a un líder en ascenso y, eventualmente, a aquel cuya voz retumba por encima de todas las demás, insistiendo en hacerlo de nuevo y hacerlo mejor esta vez.
Los primeros comentarios de Guerrero en esta primavera se sintieron mucho más ligeros. En años anteriores, las primeras preguntas giraban en torno a su condición física, a los fracasos de la temporada anterior y a su contrato. Todo eso ya quedó atrás.
“Adquirimos nuevos jugadores, grandes jugadores. Creo que esto va a ser más divertido”, comentó Guerrero. “En realidad estoy más contento que el año pasado. Por alguna razón, estoy más contento y me siento muy bien. Tengo buenos presentimientos sobre este año y sé que somos capaces de hacer muchas cosas buenas”.









