Sunday, November 29, 2020
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Canción sin nombre, imágenes de una crisis sistémica.

La frase de Oscar Wilde, “La vida imita al arte mucho más de lo que el arte imita a la vida”, retrata de manera muy precisa la conexión existente entre la película “Canción sin nombre” y lo que acontece en el Perú en estos días. Pasa por una crisis política y social derivada de la situación de la destitución de un presidente, la renuncia de otro y la asunción de un tercero. 

Los artistas, que suelen envolverse de las realidades a su alrededor, quizás no gozan de la clarividencia de los profetas, pero su análisis y conocimiento de la interacción social los provee de una visión de lo que podría pasar en el futuro, mirando presente y pasado, siendo este el caso de la cineasta Melina León y su mirada a una época pasada muy convulsa del país andino. 

La película narra la historia de Georgina Condori, una música andina cuya bebé recién nacida desaparece misteriosamente. En medio del caos político de la época, Pedro Campos, un joven periodista limeño, toma a su cargo la investigación y emprende junto a ella una desesperada búsqueda. 

La situación de unos jóvenes indígenas de los años 80 con una economía tambaleante y la de quienes recientemente salieron a protestar por la destitución de un presidente, tiene mucho en común, pues ni el bienestar ni el crecimiento les ha llegado a ninguno, de ahí que la lectura de la realidad hecha por “Canción sin nombre”,  puede ser que nos ayude a entender las raíces de estas turbulencias. 

Melina León dirige y firma el guion junto a Michael J. White. La fotografia es de Inti Briones, la música de Pauchi Sasaki y el elenco actoral  está compuesto por Pamela Mendoza, Tommy Párraga, Lucio Rojas, Ruth Armas, Maykol Hernández y Bruno Odar. 

El mundo es ancho y ajeno. 

Melina León se decanta por una narrativa austera y bordea la estética noir para acercarse a la frágil cotidianidad de Georgina Condori (Pamela Mendoza), en su condición indígena, mujer, joven y de clase baja, que la llevan a pasar como casi invisible a los ojos del estado peruano.

Elegir el blanco y negro sobre el color para fotografiar esta película ayuda a redirigir la mirada, no necesariamente sobre la pobreza, sino sobre las consecuencias que provocan las acciones de los autores materiales e intelectuales de tal pobreza. El B/N evita el embellecimiento de las carencias materiales o la folklorizacion de la miseria. 

La figura del periodista Pedro Campos (Tommy Párraga), en su papel de investigador, funciona como guía en el maremágnum de las instituciones oficiales y no oficiales en sus labores de tratar de encontrar la bebé robada a Georgina y Leo (Lucio Rojas). La indiferencia, la insensibilidad y la ineficacia de la burocracia o del sistema, es con el muro que tropiezan la pareja y el representante de la prensa.  

El guion de Melina León y Michael White traza un mapa sombrío de la sociedad peruana. La sutileza de la arquitectura narrativa de esta película pone el acento en el efecto causado por la crisis en la sique de las personas, usando muy efectivamente la vía de lo general a lo particular.    

La parquedad  en las actuaciones o en los diálogos es una apuesta efectiva, pues los personajes interpretados por Pamela Mendoza, Tommy Párraga y Lucio Rojas, se expresan con los silencios, las miradas y los gestos, creando una conexión sicológica con el espectador. El rostro de Pamela Mendoza, su forma de caminar y esa honda fortaleza de su mirada, construyen un discurso dramático muy potente. 

El diseño de producción, el diseño artístico, lo musical y la fotografía contribuyen a apuntalar la densidad atmosférica de este filme, que es una de sus virtudes más relevantes. Las filigranas musicales de Pauchi Sasaki integran una banda sonora que bailan al compás de la historia y la exquisita fotografía de Inti Briones, cuyo sentido de la composición plástica es notable, están dentro de lo mejor del cine latinoamericano de los últimos tiempos. 

Cine de lo social y lo humano. 

Esta película hace una disección de una época de gran crisis social, evitando caer en el panfleto o la porno miseria. Los grandes males que acechan al cine latinoamericano que trata estas temáticas y que lo hace de manera elegante, sin escurrir el bulto y apelando a la economía discursiva, al menos es más. Poner juntos el tema indígena, la pobreza, Alan García o Sendero Luminoso, sin caer en populismos simpáticos es un mérito enorme.   

“Canción sin nombre”  de Melina León es una sorprendente Opera Prima que aborda la crisis política peruana de los 80, apelando al rigor y a la contención, cualidades que la convierten en una obra merecedora de la atención de quienes apuestan por un arte cinematográfico alejado de las estridencias y cercano a la transmisión de contenidos relevantes.   

 Humberto Almonte

Analista de Cine.-    

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