Julia Ramírez

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América Latina y el Caribe continúa siendo la región en desarrollo más democrática del mundo. Sin embargo, el futuro de la democracia depende cada vez más de la capacidad de los Estados para impulsar un desarrollo humano inclusivo, fortalecer la resiliencia y garantizar la seguridad en un contexto de creciente incertidumbre.

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Estas son algunas de las principales conclusiones del Informe Regional sobre Desarrollo Humano 2026 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Democracias bajo presión: Reimaginar los futuros de la democracia y el desarrollo en América Latina y el Caribe, presentado hoy en Santo Domingo junto al presidente de República Dominicana, Luis Abinader, y la directora regional del PNUD para América Latina y el Caribe, Michelle Muschett.

Durante esta primera presentación del informe en el Caribe, la directora regional del PNUD destacó que “el futuro de América Latina y el Caribe depende de nuestra capacidad colectiva para transformar las presiones que enfrentan nuestras democracias en progreso, sin sacrificar la capacidad de acción ni las libertades de las personas. Este lanzamiento en República Dominicana impulsa una conversación regional más amplia que reconoce tanto la notable resiliencia democrática del Caribe como las complejas presiones que la ponen a prueba. La brecha entre la confianza en la democracia y las expectativas aún insatisfechas pone de relieve la necesidad de renovar el vínculo entre democracia, desarrollo y Estado. El PNUD seguirá acompañando a los gobiernos y las sociedades de la región para reimaginar y construir sus propios futuros”.

 

El informe analiza tanto las fortalezas como las debilidades de las democracias en América Latina y el Caribe, así como los factores que están transformando y, en muchos casos, tensionando su funcionamiento, entre ellos el crimen organizado, la polarización política, la desinformación y la crisis climática. Su mensaje central es un llamado a la acción: proteger las democracias frente al riesgo de erosión y, al mismo tiempo, renovarlas para responder a las demandas y expectativas cambiantes de la ciudadanía. El documento incorpora perspectivas del Caribe a lo largo de todo su análisis e incluye un capítulo específico dedicado a las dinámicas propias de la democracia y el desarrollo de la subregión, reconociendo al mismo tiempo su diversidad interna.

Mientras América Latina se ha convertido en una de las regiones más polarizadas del mundo, el Caribe destaca por sus niveles relativamente altos de cohesión social y estabilidad democrática frente a las divisiones políticas. No obstante, enfrenta crecientes desafíos en materia de seguridad, una mayor vulnerabilidad a choques externos, y restricciones fiscales más severas, factores que ponen a prueba tanto la capacidad estatal como la resiliencia democrática. La tasa de homicidios alcanza los 27,9 por cada 100.000 habitantes en el Caribe —por encima del promedio regional— con un 59 % de los casos vinculado al crimen organizado. Al mismo tiempo, la frecuencia de eventos climáticos extremos se ha duplicado, pasando de 5,2 por año entre 1960 y 1990 a 10,7 por año entre 2000 y 2023. En algunos países caribeños, la deuda pública supera el 100 % del PIB, lo que debilita la capacidad del Estado y erosiona la confianza en las instituciones democráticas. Aunque el 57 % de la población del Caribe sigue considerando que la democracia es la mejor forma de gobierno, apenas alrededor del 32 % se declara satisfecho con su funcionamiento, lo que revela una creciente brecha entre el apoyo a la democracia y el desempeño de las instituciones.

República Dominicana ocupa una particular posición de puente estructural y geopolítico entre América Latina y el Caribe. El país refleja muchos de los desafíos identificados en el informe, aunque también presenta fortalezas particulares. Comparte con América Latina una experiencia temprana de construcción estatal y un sistema presidencial de gobierno y, al mismo tiempo, como Pequeño Estado Insular en Desarrollo, enfrenta varias de las vulnerabilidades estructurales características del Caribe, incluida una alta exposición a los impactos del cambio climático y las limitaciones asociadas a una escala territorial reducida.

En este contexto, el país ha logrado avances importantes en materia de democracia electoral y libertades políticas, destacándose como un caso de profundización de la democracia en un momento de crecientes presiones sobre estos sistemas. Asimismo, ha registrado progresos significativos en la reducción de la pobreza y la desigualdad durante las últimas dos décadas, aunque persisten desafíos en ámbitos como la participación política de las mujeres y la necesidad de garantizar que los beneficios del desarrollo lleguen a todos los sectores de la sociedad.

El informe también identifica la transformación digital y la inteligencia artificial como fuerzas adicionales que están redefiniendo las trayectorias del desarrollo en la región. Si bien estas tecnologías introducen nuevos riesgos —el 76% de la población considera que las redes sociales contienen una cantidad significativa o moderada de desinformación—, también ofrecen importantes oportunidades para ampliar el acceso a servicios, mejorar la productividad, fortalecer la participación ciudadana y promover la inclusión, especialmente entre mujeres y jóvenes.

En última instancia, el informe concluye que construir sociedades más resilientes, inclusivas y prósperas requerirá fortalecer la conexión entre gobernanza democrática, capacidad estatal y resultados de desarrollo, traduciendo los logros democráticos en mejoras tangibles en la vida de las personas.

Las fortalezas democráticas del Caribe cuentan con una base sólida para afrontar los complejos desafíos que se avecinan. Sin embargo, su futuro dependerá de la capacidad de sus instituciones para integrar la resiliencia económica, la adaptación al cambio climático y la seguridad humana en un entorno global cada vez más incierto.