A la Comunidad Internacional Que se Ocupe de Haití

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People take pictures with their cell phones as protesters march during a demonstration to demand the resignation of Haitian president Jovenel Moise, in the streets of Port-au-Prince, Haiti October 4, 2019. REUTERS/Andres Martinez Casares



A pocos debe sorprender el deterioro que acusa la crisis en Haití, caracterizada por el hambre, la insalubridad, el desplome institucional y  el recrudecimiento de la inestabilidad y la confrontación política y social.

El país vecino cerró el 2020 e inicio este año en medio de actividades vandálicos, con secuestros y muertes por sicariato, junto a constantes movilizaciones y confrontaciones callejeras en reclamo de la renuncia del presidente Jovenel Moise.

De poco ha valido la intervención de los Estados Unidos y la Organización de Estados Americanos, en procura de legitimar la permanencia de Moise en el poder.

La oposición y una gran parte de la población no ceden en su reclamo que enfatizan con el nombramiento del magistrado Joseph Macene Jean Louis, decano de la Corte de Casación, como “presidente interino” de Haití.

Persecuciones políticas, movilización de tropas y amenazas de golpe de Estado, abren la posibilidad a una guerra civil en el vecino país, lo que provocaría graves trastornos a todo lo largo de la frontera que compartimos.

El agravamiento de la crisis haitiana es constante y sus secuelas, entre las que destacan la posibilidad de una estampida hacia territorio dominicano, ha sido reiteradamente advertida.

Aunque desde la semana pasada las autoridades dominicanas han tomado medidas de seguridad adicionales para proteger la frontera, sabemos que eventos como el citado podrían superar esos límites trayendo consigo impredecibles consecuencias.

A todo esto debemos dejar claro que ni las autoridades haitianas tienen el más mínimo control sobre su crisis, ni la República Dominicana está en capacidad de servir de amortiguador o espacio ante una escalada migratoria como la que se avizora.

Quizás ha llegado el momento de mover con celeridad y templanza los tinglados diplomáticos y políticos para reclamar la intervención de la comunidad internacional en respaldo al pueblo haitiano en medio de su terrible trance.

Y de la misma manera ratificar nuestra colaboración a la búsqueda de posibles soluciones a favor de los vecinos, sin menoscabo de la preservación de nuestro territorio, nuestra estabilidad y nuestra soberanía.