Narciso Acevedo
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Las Canas, Fantino.- Hay lugares donde el aire ya no es vida, sino un veneno lento que se mete en los pulmones con cada respiración. Hay caminos que no unen comunidades, sino que las aíslan en su propia desgracia.
Esa es la cruda, asfixiante y desesperante realidad que hoy padecen los habitantes de Las Canas y todo el municipio de Fantino, atrapados en un círculo de abandono institucional que ya raya en lo inhumano.
Aquí, la paciencia se agotó hace años.
Lo que antes era una fértil zona de producción agrícola y paz rural, hoy se ha convertido en una sucursal del infierno en la tierra.
Un colosal vertedero a cielo abierto, que arrastra más de tres décadas devorando la salud colectiva, mantiene a miles de familias en un estado de terror sanitario permanente ante la mirada impasible de las autoridades.
Un llamado urgente al alcalde Damián Rafael Núñez Adame ¡Rompamos la indiferencia!
En medio de esta catástrofe ambiental y humana, los comunitarios dirigen su mirada y su reclamo directo al palacio municipal.
La comunidad de Las Canas y sus zonas aledañas hacen un llamado enérgico y desesperado al alcalde del municipio de Fantino, Damián Rafael Núñez Adame, para que despierte ante esta cruda realidad, preste atención inmediata a las denuncias de sus munícipes y asuma el liderazgo que su cargo le exige de cara a esta emergencia.
Para los residentes, la postura del ejecutivo municipal ha sido de una total e inexplicable indiferencia.
No se puede seguir gobernando de espaldas al dolor de un pueblo que se está ahogando.
La señora Cristina Jerez Sánchez, cuya voz es el eco de la impotencia colectiva, lo resume con el corazón en la mano: ya no saben a quién acudir si la primera autoridad del municipio les da la traición del silencio.
Para los comunitarios, este desentendimiento oficial no es simple burocracia: es una desidia que los está matando en cámara lenta.
Respirar es un acto de valor
La desesperación en Las Canas tiene rostro, tiene nombres y tiene llanto. No se trata de una simple queja; se trata de niños que despiertan en la madrugada sufriendo crisis asmáticas agudas provocadas por la quema descontrolada de plásticos y químicos en el botadero municipal.
Se trata de ancianos condenados a un encierro perpetuo dentro de sus propias casas, bloqueando las rendijas con paños húmedos en un intento inútil por frenar la densa humareda tóxica que lo invade todo.
Brotes en la piel que no sanan con nada y alarmantes cuadros gastrointestinales completan el cuadro de un pueblo sitiado por las plagas.
Un desastre que corre por el agua
Pero el horror no se queda flotando en el aire. La tragedia se filtra en la tierra y corre por el agua. Los lixiviados,esos jugos letales y pestilentes que destila la basura en descomposición, están impactando de lleno el entorno de la presa de Hernando Alonzo, contaminando los recursos hídricos en la zona de la presa.
Es una bomba de tiempo ambiental.
El agua que debería llevar progreso y sustento a Fantino y La Mata se está convirtiendo en un vehículo de enfermedades. ¿Qué están esperando las autoridades para reaccionar? ¿Un brote epidémico incontrolable para finalmente salir en la foto prometiendo soluciones?
“Estamos viviendo una asfixia lenta.
Nos están enterrando en vida entre la basura y el lodo, y la alcaldía no hace nada”, claman las voces desesperadas desde el corazón de la desgracia.
Caminos que destruyen el futuro
Por si el veneno en el aire y el agua no fuera suficiente, la geografía del abandono se ensaña con la infraestructura.
La carretera que une a Las Canas con el casco urbano de Fantino es hoy una trocha intransitable, un desierto de hoyos, piedras y promesas rotas que destruye los vehículos de los choferes y sepulta las esperanzas de los productores agrícolas.
Ver a una ambulancia intentar cruzar ese trayecto con un enfermo grave en plena crisis respiratoria es una escena que rompe el alma.
Los transportistas ya no aguantan más gastos en piezas rotas; los agricultores ven perderse sus cosechas porque sacarlas al mercado es una odisea que nadie quiere asumir.
No hay vías de escape. Están cercados por la contaminación y bloqueados por el mal estado de sus calles.
Exigencias de vida o muerte
La comunidad de Las Canas, Fantino y los sectores circundantes de la provincia Juan Sánchez Ramírez han dicho ¡basta!
Exigen, con el último aliento que les queda, tres acciones drásticas:
Disposición Municipal Inmediata: Que el alcalde Damián Rafael Núñez Adame ordene sin más dilación el uso de equipos mecánicos para apagar el fuego subterráneo del botadero y detenga el vertido descontrolado de desechos.
Intervención de Emergencia Médica:
Que el Ministerio de Salud Pública se desplace al terreno con operativos epidemiológicos reales para atender las crisis respiratorias y dermatológicas.









