Humberto Almonte

Thank you for reading this post, don't forget to subscribe!

 Analista de Cine 

Publicidad

Las búsquedas de los creadores cinematográficos asumen múltiples vías para entender, entenderse y comunicarse, un fenómeno complejo donde no existe garantía de éxitos o resultados, debido a que tales exploraciones vitales pueden tomarnos toda una vida, como lo demuestra el documental Nieta de mi abuela.

En esta epopeya interior la realizadora mira a su alrededor posando su atención en su abuela, sus otros familiares, sus ex novios o quienes se relacionaron sentimentalmente con su abuela, y a su vez, sumergiéndose en sí misma, buscándose a sí misma con el cine como punto de conexión, como espejo en una cierta puesta en profundidad o cine dentro del cine como herramienta estética.

La historia nos encamina hacia Tatiana, una cineasta documentalista soltera de 40 años, llena de preguntas sobre lo que significa “no terminar sola”. Explora la vida de su abuela Teresa: una mujer imponente que fue dueña de un icónico cine, se divorció tres veces y desafió las normas sociales dominicanas de su época.

 

Tatiana Fernández Geara dirige, fotografía, escribe el guion y produce en ensemble con Gina Giudicelli y Natalia Peralta Rincón sus coguionistas, con Gina Giudicelli encargándose de la edición o montaje y continuando con la producción de Wendy P. Espinal.

El elenco o “intervinientes” está compuesto por Lia Briones, Tatiana Fernández Geara, César A. Fernández Pichardo, Teresina Fernández Pichardo, Mirna Forabosco, Angela Geara, Soeren Henn, Enzo Pessa y Teresa Pichardo Hinojosa.

La inmersión en el pasado con su abuela como figura icónica, quien, como el barquero Aqueronte, desempeña el papel de guía en los mares revueltos de la vida, como mapa u hoja de ruta para la realizadora encontrarse a sí misma o para reafirmarse a través de algunos episodios de interrogación o angustia, que, como afirma Silvio Rodríguez en Canción de Invierno: “La angustia es el precio de ser uno mismo”.

Abuela de cine, nieta de cine  

 Las historias avanzan en Nieta de mi abuela deslizándose sobre una estructura de engañosa linealidad en donde el sólido componente emocional sobresale en cada plano, o más bien en el plano/contraplano de las trayectorias vitales de Teresa Pichardo, abuela, propietaria de cines, poeta, y la de Tatiana, nieta, cineasta y fotógrafa.

Esta inmersión de la cineasta en sí misma no es un simple ejercicio de nostalgia familiar, pero mucho menos es una recapitulación de sus historias amorosas. Al usar el cine como un espejo que a veces le devuelve una imagen de sí misma, no necesariamente la que queremos ver, en este caso, el espejo/cine nos proporciona una imagen dual, la de Tatiana y su abuela, lo que nos pone delante de una obra cinematográfica de gran carga psicológica.

Asentada en la estructura de la multiplicidad de fuentes desde las cartas, conversaciones, recuerdos, poemas de la abuela Teresa, además de los testimonios del conglomerado familiar o de aquellos que se relacionaron con la abuela como su ex esposo Enzo, las relaciones de pareja de la propia cineasta y sus propios testimonios, el documental emerge transformado en una película densa y compleja.

La fragmentación como esencia física y discursiva, da paso a la unidad narrativa de una estructura que a su vez llega al espectador como ese todo múltiple que lo envuelve en su atmósfera estética, estableciendo una conexión que no se rompe en ningún momento desde el inicio hasta el final. Algo que algunos llaman “la magia del cine”, pero que prefiero nombrar como “el poder hipnótico del buen cine”, inspirándome en Luis Buñuel.

Característica fundamental de este hecho cinematográfico lo componen los elementos escriturales, es decir, las cartas y poemas de Teresa, pues establecen un hilo de comunicación y reflexión entre la realizadora y su abuela. La transferencia de estos textos a Tatiana asume la función de un traspaso de saberes y emociones, convirtiendo a la cineasta en su albacea y heredera. No podríamos decir que sin estas cartas y poemas el documental no existiría, pero sí que sería muy diferente.

Una gran parte de la responsabilidad en la funcionalidad narrativa y la calidad de la factura descansa en las manos sensibles y firmes de su directora, guionista, fotógrafa y productora Tatiana Fernández Geara, de sus coguionistas Gina Giudicelli, Natalia Peralta Rincón, de la montajista o editora Gina Giudicelli y de la productora Wendy P. Espinal, cuatro que echaron la película en la pantalla y no en el pozo.

Una mirada al interior de sí misma   

El documental dibuja un panorama externo que contrasta los cambios sociales entre las épocas de la abuela Teresa y la nieta Tatiana, la vida provinciana de antes y de ahora, los cines regionales o el clima político de la época con el actual. Pero también nos muestra los paisajes interiores de las relaciones sentimentales de Teresa y Tatiana, las cosas que las conectan, y por supuesto, de las dudas y las angustias de cada una.

Nieta de mi abuela de Tatiana Fernández Geara es una película centrada en las conexiones emocionales de una abuela y su nieta con el cine, la poesía, las cartas y las relaciones sentimentales de por medio, en una obra con características de epopeya catártica para su realizadora y una demostración de mi tesis de que el cine dominicano tiene rostro de mujer en lo que a discurso estético se refiere.