SAN JOSÉ DE LAS MATAS. Se cumplen 75 años del día en que, inspirado por un sacerdote católico, fue fundada la Cooperativa San José, Inc. Era el 17 de febrero de 1951.
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Sus raíces se inscriben en un contexto de pobreza rural y ausencia de servicios financieros para agricultores y trabajadores de la Sierra de Las Matas. La iniciativa nació como un movimiento solidario entre pobladores humildes, impulsado por la Iglesia Católica y líderes comunitarios decididos a cambiar la realidad económica de su entorno.
El impulso inicial provino de la Iglesia Católica y, específicamente, del padre Carlos Guillot, misionero del Sagrado Corazón (MSC), quien había llegado a la parroquia local para servir pastoralmente y constató las profundas carencias de la comunidad.
El primer depósito de ahorros fue simbólico. El grupo impulsor estuvo compuesto por 18 hombres de la comunidad, convocados en la parroquia: Luis Bisonó, Juan Arturo Jáquez (llamado Llillí), Juan de la Mata Estévez, José Bisonó, Joaquín Luciano, Augusto Bisonó, Alexis Jáquez, Ramón A. Vargas, Porfirio Valerio, Josecito Torres, Ramón Abreu y Arturito y Germán Jáquez, entre otros, quienes consolidaron la base social de la nueva cooperativa.
El capital inicial que reunieron ascendió a RD$1.30 —aportado por los propios fundadores—, inaugurando simbólicamente la idea del ahorro colectivo y la cooperación financiera en su comunidad. Aquel gesto sencillo marcó el inicio de una historia de economía solidaria que, según consignan las memorias institucionales, convertiría a la entidad en un referente nacional.
De acuerdo con los registros históricos, los fundadores fueron el padre Carlos Guillot, misionero del Sagrado Corazón (MSC), quien convocó a la comunidad y fue pilar del proyecto, junto a Luis Bisonó, Juan Arturo Jáquez, Juan de la Mata Estévez, José Bisonó, Joaquín Luciano, Augusto Bisonó y otros agricultores y pobladores del lugar.
La cooperativa fue incorporada oficialmente mediante decreto en 1953, consolidando así su personalidad jurídica.
En las décadas iniciales (1950–1970), comenzó como una pequeña organización de ahorro y crédito, ofreciendo alternativas seguras a agricultores que, de otro modo, recurrían a prestamistas informales. Durante esos primeros años se constituyó el primer Consejo de Administración, sentando las bases de una gobernanza cooperativa formal.
Entre 1980 y 2000 experimentó una fase de consolidación y amplió su base de asociados y servicios, incorporando más productos financieros tradicionales —ahorros, préstamos personales, microcréditos, entre otros—. Se inició entonces la expansión territorial con oficinas fuera de San José de Las Matas, proceso que continuaría en las décadas siguientes.
Al arribar a sus 70 años y ahora a sus 75, la cooperativa ha sostenido su expansión, con más de 20 sucursales en distintas provincias y una base creciente de asociados.
La etapa de modernización se desarrolló entre 2000 y 2020, permitiendo un crecimiento institucional con mayor presencia en áreas urbanas y rurales del país.
En 2002 fue creada la Fundación San José para el Desarrollo, con el objetivo de coordinar y ejecutar las acciones de responsabilidad social y los programas comunitarios.
Entre 2020 y 2026, la Cooperativa San José incorporó nuevas tecnologías, productos financieros y mejoras en sus procesos internos.
En 2025 recibió la calificación de riesgo ‘BBB+’ con perspectiva estable por parte de la firma Feller Rate, reflejo de su solidez institucional.
Los indicadores clave en 2026 revelan una entidad robusta: activos brutos superiores a RD$39,000 millones, un patrimonio cercano a RD$13,000 millones y resultados operativos (utilidades) por encima de RD$2,650 millones en el último año.
Estas cifras no solo evidencian crecimiento, sino también estabilidad financiera, capacidad de proteger el ahorro de sus asociados e impulso sostenido para desarrollar nuevos servicios.
En 2023, la cooperativa reportó un crecimiento del 41 % en ingresos y amplió su membresía con más de 13,000 nuevos asociados en ese año.
Más allá de los números, la Cooperativa San José ha mantenido una presencia social decisiva en su comunidad y en sus regiones de influencia: becas para estudiantes destacados; servicios de salud comunitaria; ambulancias; transporte para emergencias; asistencia alimentaria; mejoras de vivienda para familias de bajos recursos; y financiamiento productivo para sectores agrícolas, microemprendimientos y pequeños comerciantes desde sus primeras décadas.
La Fundación San José para el Desarrollo canaliza programas de apoyo en educación, salud, deportes, medio ambiente y cultura.
La cooperativa también ha brindado respaldo institucional y financiero a organizaciones comunitarias y sin fines de lucro, fortaleciendo redes de desarrollo local. En ese marco surge el proyecto Casa de Arte de la Cooperativa San José, como una extensión natural de su filosofía humanista y solidaria.
Más allá del ahorro y el crédito, la institución comprendió tempranamente que el desarrollo integral de las comunidades debía incluir educación, cultura, identidad y sensibilidad artística.
Desde su concepción, la Casa de Arte fue pensada no como un centro elitista, sino como un espacio abierto, inclusivo y comunitario, alineado con los valores cooperativos de solidaridad, educación permanente, participación social y promoción del bienestar colectivo.
La iniciativa fue impulsada por los órganos de dirección de la cooperativa, con el respaldo de líderes comunitarios, educadores y artistas locales, como parte de su política de responsabilidad social y cultural, posteriormente sistematizada a través de la Fundación San José para el Desarrollo.
En San José de las Matas y sus comunidades aledañas existía —especialmente a finales del siglo XX— una notable vocación artística popular: música, pintura, teatro, artesanía y tradiciones culturales transmitidas de forma empírica, pero con escasas oportunidades de formación estructurada y limitado acceso a espacios culturales permanentes.
Desde sus primeros años, la Casa de Arte comenzó ofreciendo talleres de música (instrumentos, canto y teoría musical), dibujo y pintura, teatro y expresión corporal, así como actividades culturales y exposiciones comunitarias.
Hoy, la Casa de Arte es reconocida no solo como un centro cultural, sino como un semillero de artistas, un espacio de encuentro intergeneracional y un aporte tangible a la memoria y al futuro cultural de la región.









