La agricultura dominicana enfrenta un desafío estructural de gran relevancia: garantizar la producción de alimentos en un contexto en el que, de acuerdo con los resultados de la encuesta, la mayoría de las personas encuestadas corresponde a población inmigrante.
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Para comprender mejor esta realidad, el Instituto Nacional de Migración de la República Dominicana (INM RD) desarrolló el estudio Mercado de trabajo agrícola e inmigración, una investigación basada en la Encuesta Sectorial Agrícola (ENAGROT 2022), aplicada en 711 fincas dedicads a los cultivos de arroz, plátano y habichuela en distintas provincias del país.
Los resultados revelan que la inmigración laboral es un componente central del mercado de trabajo agrícola. Más del 60 % de los trabajadores inmigrantes encuestados en fincas de arroz, habichuela y plátano, ingresó a la República Dominicana en la última década, lo que evidencia un flujo relativamente reciente y sostenido.
En cultivos como la habichuela, cerca del 70 % de los trabajadores declara no haber regresado a su país de origen desde su primera entrada, lo que sugiere una tendencia a la permanencia prolongada y plantea nuevos retos para la regulación migratoria y laboral.
El perfil sociodemográfico de esta población evidencia una fuerza laboral mayoritariamente joven y masculina. La edad promedio de los trabajadores entrevistados es de 26 a 35 años y el 98 % son hombres.
Más de la mitad tiene hijos (55.5 %) y el 50.7 % mantiene una relación de pareja, lo que revela que la migración laboral agrícola no es un fenómeno individual aislado, sino que tiene un impacto directo en dinámicas familiares y comunitarias tanto en el país de origen como en el de destino.
En el ámbito educativo, los datos reflejan limitaciones estructurales. Aunque el 83.1 % de los trabajadores sabe leer y escribir, el 54 % reporta haber alcanzado únicamente el nivel nivel básico o primario, mientras que solo el 31 % cuenta con estudios secundario o de nivel medio.
Este perfil educativo restringe las posibilidades de capacitación técnica y limita la adopción de nuevas tecnologías en un sector que aún presenta bajos niveles de mecanización. De hecho, el 66.5 % de los trabajadores declara no saber manejar maquinarias agrícolas, lo que representa un desafío para la modernización del campo dominicano.
Las condiciones de salud y bienestar constituyen otro aspecto crítico. El estudio revela que el 86.9 % de los trabajadores acude a hospitales públicos cuando enfrenta problemas de salud, mientras que el 49.3 % es trasladado a un centro médico únicamente en casos de emergencia. Además, el 35.9 % afirma no recibir ningún tipo de facilidad médica por parte de la finca donde labora.
Durante la pandemia de COVID-19, el 21.1 % de los trabajadores reportó haber contraído la enfermedad y más de un tercio (38.3 %) no llegó a vacunarse, lo que evidencia barreras persistentes en el acceso a servicios de salud preventiva.
En cuanto a las condiciones laborales, el estudio muestra patrones característicos de un sector altamente estacional. Más de la mitad de los trabajadores (53.9 %) labora hasta seis días a la semana, y alrededor del 80 % recibe su pago de manera diaria.
Si bien esta modalidad ofrece cierta flexibilidad, también limita la estabilidad laboral y el acceso a beneficios asociados al empleo formal, como la seguridad social y la protección frente a riesgos laborales.
Desde una perspectiva de política pública, estos hallazgos refuerzan la necesidad de avanzar hacia una gestión más integral del mercado de trabajo agrícola. El estudio plantea recomendaciones orientadas a fortalecer los mecanismos de regulación del ingreso, permanencia y retorno de trabajadores inmigrantes, así como a promover esquemas de cuotas laborales y modelos de seguridad social adaptados a la naturaleza estacional del sector.
Garantizar derechos básicos como el acceso a la salud, la vivienda y condiciones laborales dignas no solo beneficia a los trabajadores inmigrantes, sino que también contribuye a lasostenibilidad y competitividad de la agricultura dominicana.
En este sentido, el estudio del INM RD constituye un insumo estratégico para la toma de decisiones basadas en evidencia. Comprender cómo funciona el mercado de trabajo agrícola y el papel de la migración laboral es clave para diseñar políticas públicas más eficaces, humanas y alineadas con las necesidades reales del desarrollo rural del país.









