Gonzalo Sánchez
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Ciudad del Vaticano.– Cuando el pasado mayo León XIV se presentó ante el mundo como el nuevo papa, lo hacía consciente de las muchas divisiones surgidas entre los cardenales en los últimos años, una situación que ahora, ocho meses después, trata de reparar sembrando la conciliación con un método nuevo: la escucha colectiva.
El pontífice estadounidense acaba de clausurar en el Vaticano su primer consistorio extraordinario, una cumbre con todos los purpurados del planeta reservada para situaciones “especiales” o “de gravedad” en el seno de la Iglesia Católica.
El principal fruto de este encuentro ha sido la decisión de León XIV de convertir este foro ‘extraordinario’ en recurrente, al menos anual, para que pueda asesorarle en su pontificado.
El portavoz de la Santa Sede, Matteo Bruni, ha avanzado que ya el próximo junio volverá a convocarse otro durante dos días y que en 2027 se intentará organizar otro con algo más de tiempo, ya que los cardenales que quieren hablar son muchos y vienen de todo el mundo.
El papa escucha
Esta decisión del papa, nada más acabar el Jubileo y su primera Navidad vaticana, ha sido interpretada como una mano tendida al poderoso Colegio Cardenalicio, dividido a menudo entre reformistas y conservadores por cuestiones doctrinales o litúrgicas.
Los más de doce años de pontificado de Francisco y sus decisiones en distintos ámbitos han dejado una huella marcada en el ‘Sacro Colegio’, desde donde no han faltado las críticas, frecuentemente abiertas y hasta firmadas, contra el magisterio del papa argentino.
Las denuncias más furibundas iban dirigidas contra su decisión de permitir la bendición “informal” de parejas homosexuales, su implicación de laicos o mujeres en las tomas de decisiones, lo que se conoce como la sinodalidad, o su limitación de la misa en latín.
Ahora, su sucesor aspira a acercar posturas convocando a Roma de forma esporádica a los cardenales para tratar los asuntos de forma “colegiada”, una palabra que a buen seguro permanecerá en su papado.
León XIV ha sido claro desde su discurso de apertura: “No estamos aquí para promover agendas personales o grupales”.
A su llamamiento han acudido 170 cardenales de los 245 totales, entre ellos algunos referentes conservadores como el alemán Gerhard Ludwig Müller o el estadounidense Raymond Leo Burke, autores de las ‘dudas’ doctrinales contra los escritos y enseñanzas de Francisco.
La divisiva misa en latín
Sin embargo el consistorio decidió, al menos en este primer acto, centrarse en dos temas, la sinodalidad y la evangelización, dejando para otro momento otros más espinosos: la liturgia, con la pugna sobre la misa en latín como trasfondo, y la constitución apostólica y la consiguiente reforma de la Curia de Bergoglio.
“Creo que el papa León encontrará una buena solución para todos”, ha augurado en el canal EWTN el cardenal Müller sobre las divisiones acerca de la misa.
El consistorio se ha producido tras una primera carantoña del papa a los conservadores, al permitir el pasado octubre al cardenal Burke la celebración de una misa ‘tridentina’, en latín, en la basílica de San Pedro, después de varios años de negativa de Bergoglio.
Unidad, no uniformidad
En cualquier caso, el cardenal sudafricano Stephen Brislin ha defendido que este tipo de cumbres pensadas por el nuevo pontífice son importantes porque “permiten escucharnos los unos a los otros”.
“Hemos trabajado en armonía, que no es lo mismo que uniformidad”, ha reconocido.
León XIV, conocedor tanto de las periferias por sus muchos años como misionero y obispo en Perú como de la burocrática Curia Romana, ha inaugurado así un modo de gobierno con el que quiere involucrar a todos los purpurados, una diferencia sustancial respecto a Francisco, que prefirió rodearse de un reducido consejo de asesores.
En estos dos días, el pontífice estadounidense ha seguido atentamente las intervenciones de los cardenales, divididos en 20 grupos en el Aula Pablo VI: “Escuchó más que habló e incluso tomaba apuntes”, ha revelado el filipino Pablo Virgilio David.
La síntesis perfecta de esta cumbre vaticana ha sido pronunciada por el británico Timothy Radcliffe, centro de los dardos conservadores por su aperturismo hacia mujeres y homosexuales.
Su meditación, escuchada por el resto de asistentes, ha dejado clara la división de miradas al mundo dentro de la Iglesia, aunque subrayando la importancia de la unidad.
“En el consistorio algunos serán custodios de la memoria y de la tradición y otros sabrán disfrutar más intensamente de la sorprendente novedad de Dios. No obstante, la memoria y la novedad son inseparables en el dinamismo de la vida cristiana”, ha alegado.
Pero, más allá de cualquier otra consideración, el clero debe seguir y apoyar a su líder. Pedro, es decir, el papa, “no debe afrontar la tempestad solo”, ha avisado el purpurado. EFE









