Humberto Almonte
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Analista de Cine
En la categorización sociológica de la República Dominicana de estos días, asoman conceptos sociales que se aplican a nuestras clases. Por un lado son los Popis, individualidad perteneciente a las clases medias altas y altas. Por el otro lado están los Wa Wa Wa que comprenden desde la clase media, media hacia abajo, y como no puede ser de otra forma, esas clasificaciones permean nuestro cine.
Las formas expresivas de esos colectivos se asoman en nuestras pantallas en una lucha incesante por captar la atención del público, en donde hasta ahora, la facción populista de los Wa Wa Was se ha alzado con el dominio de las audiencias en desmedro del elitismo de una parte de la corriente más conservadora de los Popis.
Como puede notarse, el problema no es la pertenencia a una u otra clase, sino la visión del mundo y la conciencia que de cada una de ellas tiene de la sociedad. Si nos vamos al detalle, un popi tan notable como Jean-Louis Jorge produjo obras tan críticas y tan conscientes de las desigualdades sociales como La serpiente de la luna de los piratas (1973), Cuando un amor se va (1998), o su etapa como productor y director televisivo de programas Sábado de Corporán (1988), Sabadazo con El Pachá (1998), entre otros.
La ventaja del Popi y de su respaldo financiero es la importancia de las conexiones y las relaciones primarias. De ahí que su presencia en la producción cinematográfica local, en los enclaves académicos, en la representación en festivales de cine extranjeros, en los medios y en las redes sociales, sea predominante, aun no siendo esta clase mayoritaria a nivel poblacional, y recordemos que estamos hablando del sector cine.
Lejos del populismo y el resentimiento social de algunos Wa Wa Was, el popi-cine menos consciente adolece de una comprensión insuficiente y condescendiente del contexto social y cultural dominicano. De ahí que algunas de sus obras caigan en la pornomiseria cinematográfica, el populismo conservador y un buenismo que evade el análisis riguroso de las desigualdades sociales que pretenden retratar.
Popiyanos valientes filmemos
Un Popi clásico y carente de claridad estética y analítica no podría producir acercamientos a nuestra realidad como lo han hecho Johanné Gómez Terrero en Sugar Island (2024), Yoel Morales con La Bachata de Biónico (2025), Alexander Viola en El día de la tormenta (2025) o Desiree Díaz Silva con Madre: A dos centímetros de ti (2025), para mencionar solo unas cuantas obras de algunos Wa Wa Was iluminados que recientemente han pasado por nuestras salas en programación normal o en festivales locales de cine.
Para entender este fenómeno social tan dominicano recomiendo acercarse y visionar Pérez Rodríguez (2024), comedia dramática dirigida por Humberto Humberto Tavárez, que se introduce en el ambiente de las clases medias altas hurgando en sus actividades y formas de pensar para deconstruir tales estructuras y darnos una clara idea del “popismo”, de cómo se comporta o de su concepto del mundo.
En otra onda, también podemos acceder a Candela (2020) de Andrés Farías Cintrón, donde el personaje de Sera Peñablanca, que asume magníficamente Sarah Jorge León, que personifica a una Popiwa, es decir, a una popi que se siente atraída por los ambientes y la carnalidad de las clases bajas, bajando de su Olimpo en la pirámide social hasta los más sórdidos rincones de esos lugares de mala reputación, buscando escapar del aburrimiento y la asfixia social de la vida popi.
Generalmente, una popi-película tiene un trasfondo de desarraigo, un “vivo aquí pero mi cerebro esta socialmente en París, New York, Madrid o cualquier sitio que tenga etiqueta de desarrollado”. Y por más que sea un cine hecho en República Dominicana, con actores dominicanos, personal técnico dominicano, escrito por dominicanos y con patrocinio local, no por eso su espíritu esta aquí, y lamentablemente, tampoco le evoca nada a las sociedades con las que pretende conectar.
A estos creadores no les queda claro que películas como Parásitos (2019) de Bong Joon-ho, que retrata las penurias de la gente más pobre de Corea del Sur o de Shoplifters (2018) de Hirokazu Koreeda, que igualmente nos presenta las imágenes de la pobreza en Japón, puedan tener trascendencia mundial, y si lo entendieran sabrían que su éxito se debe a retratar de manera cruda y sin populismo las realidades locales que, a su vez, poseen muchos de los valores de las realidades universales.
Don’t Worry Be Popi
Los peligros del Popi-cine con menos claridad analítica es que difunden una imagen incompleta de la sociedad dominicana, que en el caso local lleva al espectador a no sentirse identificado con sus planteamientos, tendiendo a alejarlo de nuestras producciones. En la parte internacional, lleva a esos públicos a asumir que esa visión parcializada representa a la totalidad de la sociedad dominicana.
Con las ventajas comparativas que les da su preponderancia social y económica, el popismo cinematográfico no goza necesariamente de un dominio de las audiencias que se traduzca en cuantiosas entradas en taquilla, pero si de un posicionamiento que le otorga gran prestigio mercadológico y publicitario.











