Joker, retrato sicológico de la desigualdad social

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Foto de Alberto Valdes

Los productos fílmicos más recientes basados en los comics y en las novelas gráficas, padecen de una debilidad orgánica de raíz por su casi nula identificación con el arte de las imágenes en movimiento y su dependencia del arte del mercadeo. De ahí que estemos saturados de un universo carente de alma pero lleno de efectos. La llegada de Joker (El Guasón), marca un contraste, pues la película basada en la famosa figura del crimen tiene otras coordenadas.

Se ha dicho que el cine imita a la realidad, o por lo menos se inspira en ella, por esa razón se pueden extraer paralelos entre las erupciones sociales de Chile, Colombia, Haití, Ecuador, etc, con el mundo ficticio de Ciudad Gótica (Gotham City) que nos dibuja el director de Joker, Todd Phillips, que se sumerge en la vida, a su vez, de la prehistoria del personaje, para darnos una lección de historia. 

La cabeza de Arthur Fleck (Joaquin Phoenix), ya venía con una sentencia desde antes de nacer por pertenecer a los estratos más bajos de la sociedad. El estado que recorta servicios sociales a Arthur no se diferencia en nada de aquellos gobiernos de nuestros países que en la realidad hacen lo mismo.

Evadirse de la realidad es a veces la única opción de quienes están arrinconados por ella y es lo que hacen tanto Arthur como su madre, Penny (Frances Conroy). La mayor enfermedad de madre e hijo no es la mental, es de falta de recursos, pues más que vivir sobreviven en su lóbrega madriguera contando con los ingresos de trabajos tan precarios como sus oportunidades de ascender y salir de la trampa social.

La inclusión que Todd Pillips hace de Tiempos Modernos (1936), no es ociosa, porque si el filme de Charles Chaplin se inspira en las condiciones insoportables de un obrero en la gran depresión de 1929, Phillips lo sitúa en la época actual, enfrentando a Arthur a unas situaciones insostenibles de las que apenas lo detienen los delirios, hasta el momento en que todo se viene abajo.

Así es la vida (That’s life).

Thomas Wayne (Brett Cullen), millonario y político, llama “Payasos” a los que protestan por la degradación de las condiciones de Ciudad Gótica, casi apelando a calificativos muy parecidos a jefes de estado, autoridades y medios de comunicación que nombran como “vándalos”, “subversivos” o “antisociales” a quienes piden justicia y solidaridad social, sea este un desempleado chileno, un estudiante colombiano, un indígena ecuatoriano o un campesino del Seibo en la parte este de República  Dominicana .


Foto de Orlando Barría

El realizador Phillips construye un filme denso con una atmósfera que a veces se distiende con una que otra sonrisa histérica. La combinación de esa atmósfera con la sutileza de su ritmo hace avanzar la acción sin que el espectador sienta que es aplastado por la negrura del tema o por una narración morosa pero efectiva.

La evolución de Arthur Fleck es compatible con la de cualquier ciudadano sometido a un sistema de vida carente de cualquier atisbo de bienestar. Ese individuo crecido en la marginalidad más profunda, reaccionará igual que este personaje, con ira, resentimiento y sin ningún nivel de autocontrol porque ha sido despreciado por un sistema que lo excluye, como en la Ciudad Gótica de Joker.

En la definición sicológica del personaje Joker/Arthur Fleck, interviene la aproximación de Joaquin Phoenix, quien bucea en las profundidades del ser humano. El pasó de un inseguro, tímido y torturado espíritu (Arthur Fleck), a otro muy seguro de sí mismo (Joker), se produce atravesando los límites de la sanidad mental, y en consecuencia, sus actos resultan en violencia, muerte y destrucción.

Los medios también se llevan su parte con un Robert de Niro interpretando al convincente presentador de tv Murray Franklin, quien al igual que los grandes emporios comunicativos y sus talentos, pasan de largo de los grandes problemas pero no tienen empacho en minimizar al ciudadano de a pie. Podemos imaginarnos que la violenta escena donde intervienen Arthur y Murray puede pasarle por la cabeza a uno de esos que el sueldo no le llega a fin de mes o no tiene empleo.

La enfermedad social  de la pobreza

Una estructura basada en desequilibrios, tarde o temprano produce estallidos, sea en Ciudad Gótica o en Chile, Ecuador, Colombia o Haití. Si bien quienes protestan lo hacen desde la razón y con reclamos justos, hay demasiados Arthur Fleck por ahí para que estemos seguros de que todo transcurrirá en paz, sin olvidarnos de las respuestas de las fuerzas del orden, las de la ficción o las reales.

En Joker, el director Todd Phillips nos ha llevado de la mano de Arthur Fleck (Joaquin Phoenix), a un paseo por los resultados que pueden producir la enfermedad social de la pobreza en los individuos y las sociedades. La relación que establece la película entre desigualdad, individuo y políticas sociales, la convierten en todo un estudio sobre estos temas y una llamada de atención, también.

Humberto Almonte

Productor y Analista de Cine.-